lunes, 3 de noviembre de 2008

Opinología Sobre la Democracia Cristiana


Como si se tratara de una fantasía adolescente guardada en el subconciente, cada vez que la Democracia Cristiana vive una crisis o una derrota electoral el mundo político saborea cada detalle como si se tratase del mejor de los banquetes. No está demás decir, que conspicuos camaradas han contribuido con uno que otro canapé a este manjar político que ha deleitado, por años, ha tanto “opinólogo” del stablishment chileno.

Del banquete, como en toda buena “partusa”, surgen mitos y especulaciones que van más allá de lo imaginable acerca del entramado partidario de la DC. En la borrachera, las especulaciones corren desde el rol que tuvo la DC en el Golpe de Estado, hasta la mítica “máquina DC” desplegada por todo Chile (en otros tiempos se llegó a hablar de un despliegue DC a nivel mundial); y entre copa y copa, se puede incluso delirar acerca del carácter doctrinario de la DC, su pertenencia al ala izquierdista, liberal, o derechista de la política chilena; y así un largo etcétera.

Pero la borrachera, como nunca, se desató la semana pasada después de las elecciones municipales. Es que como si se tratará del final de la teleserie esperada, para el deleite de algunos la DC se desplomaba; ya despojada en el suelo (y sin seguir los clementes consejos de no hacer leña del árbol caído), la avalancha de recriminaciones, críticas y hasta augurios, se desplegó con todo furor.

Entre el éxtasis y la catarsis, las explicaciones que más resuenan son, la larga permanencia de la DC en el poder, la descomposición y falta de renovación de su militancia, la pérdida de su sentido de identidad (con una especie de liberalización en lo económico y valórico), y otras tantas explicaciones. Es probable que en todas ellas tengan bastante de verdad.

Entre las explicaciones menos sensatas están aquellas que señalan que la decadencia es responsabilidad de la conducción de Soledad Alvear; y por supuesto, aquellas hipótesis que siempre despliegan los menos afines, como que la crisis es una demostración fáctica del llamado “error democratacristiano” (en otros palabras, que nunca debió haber existido un Partido tan extraño como este).

Los consejos y soluciones para que la DC supere la crisis, abundan, casi todos expuestos con un sano ánimo de crítica o como verdaderos programas políticos. Pero si hubiera que rankear la insensatez a la hora de aconsejar, la de Carlos Peña ocuparía los primeros lugares. Insinuándose como una especie de consejero político, y al más puro estilo de Maquiavelo, en su columna de ayer domingo en el “El Mercurio” insinúa dos o tres cosas de la mayor trascendencia: Primero, que dado que los Partidos Políticos deben sustentarse exclusivamente en su capacidad de acceder al poder, es indiferente que la DC se alíe con el Partido Comunista o con otro Partido que le permita la mayor captura de votos posibles.

Segundo, cual sofista de la era platónica, este columnista señala que ya superada la “fiebre” ideológica de los años sesenta, Maritain y Marx deben ser a la DC y al PC lo que los Reyes son a la monarquías occidentales modernas, un mero símbolo. Así, sostiene finalmente, habiendo la DC abandonado sus postulados doctrinarios, tales como hacer realidad el cristianismo en la vida social, la suerte de sus alianzas políticas solo tiene que ver con orientaciones cuantitativas y en ningún caso sustantivas. Algo así como, da lo mismo para qué gobernar lo importante es gobernar.

Revestido de consejero, los sofismas de Peña representan precisamente lo que la DC no debe hacer. En medio del temporal, los “cantos de sirena” respecto al futuro de la Democracia Cristiana serán abundantes, por ello habrá que mirar con mucha cautela el paisaje (aun en medio de nubarrones) antes de seguir dando pasos en falso. Si la DC se hundió electoralmente no es por culpa del diseño estratégico electoral de sus dirigentes, sino por la falta de diseño institucional acerca de la validez de los principios cristianos que nos inspiran en los tiempos que corren.

En medio de las incertidumbres de todo tipo, las personas necesitan creer en algo que supere el día a día de su existencia. Si un Partido tiene alguna razón de ser es para cambiar la realidad; nuestro electorado tradicional nos ha abandonado porque ve en nosotros más confusión que claridades, más continuidad que cambio, más interés individual que colectivo. Si la DC quiere seguir hundiéndose, orientaciones como las del columnista Peña marcan la ruta precisa.


Cristóbal Acevedo F.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es verdad, es preocupante como se dan las cosas por estos días, "son signos de los tiempos", claro, son tiempos en que la gente no quiere ver, resultado del ojo por ojo, así todos terminaremos ciegos, y el tuerto reinara a destajo. ¡Qué importante era la institución y sus fines!
Creo firmemente que nuestro partido tiene una gran oportunidad en la próxima junta Nacional, este momento, es de aquellos que determinan el futuro, todavía quedan a buen resguardo liderazgos desprendidos de objetivos ciegamente individualistas, liderazgos preocupados del desafío real de nuestra identidad; el ser referentes de valores y principios que la comunidad nos demanda, mucho se ha dicho al respecto por estos dias. Este es el momento de los grandes de espíritu, de desprendimiento y donación en la actividad política.

“Allí donde el mando es codiciado y disputado no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia.” Platón

Mauro

chilepensando dijo...

Estimado Beto

En otros momentos de la vida de la DC, la opinión de Peña no habría generado ningún tipo de debate interno, ni siquiera a través de un correo electrónico. Probablemente, la discusión seguiría en torno a la capacidad de uno u otro sector de lograr apoyos en la Junta Nacional, en el Consejo o en algún otro espacio de representación interna. Como siempre mirandónos el ombligo, asumiendo toda la mitología de la cúal tú hablas (la maquina DC, el poderío mundial, la supremacía intelectual de nuestros fundadores, etc.) y creyendo, a
pesar del evidente abandono electoral de la ciudadanía que nos castiga elección tras elección, que seguimos siendo el eje de la Concertación, el partido más grande de Chile y todas esas sandeces, de las que nos enorgullecemos como "hinchas", más que como militantes de un partido serio, que se debe a su país.
Lo de las alianzas, es discutible. El maestro Castillo, a principios de los setenta (en "Los Caminos de la Revolución", por ejemplo) escribió varios artículos sobre la posibilidad de encontrar los puntos de convergencia con la izquierda y de la conveniencia de un acuerdo para el futuro de nuestro proyecto histórico. Otros, plantearon derechamente apoyar a los militares en su gobierno. Como sabes (quizás mejor que yo) la "literatura democratacristiana", avala una u otra posición. Sin embargo, creo que no es el momento para discutir nuestra política de alianzas. Está en juego nuestra supervivencia, no electoral, pero sí moral. Se hace necesario, que voluntariamente cada militante asuma su responsabilidad en la crisis (por acción o por omisión) y que los espacios de decisión interna se abran a la ciudadanía. Creo que en este momento de la política chilena, las formas son tan importantes como el fondo.
Espacios como las primarias abiertas, el apoyo irrestricto a la inscripción autómatica y el voto voluntario, la integración política y social de las minorías, son algunos de los temas de los cuales somos responsables de encabezar. Esa discusión, junto con la recuperación de los afectos y de la unidad interna, pueden iluminarnos.
En la política siempre alguien debe liderar. Y este, mi querido amigo, es el momento de los que no poseen experiencia en las "maquinas internas", ni en la ingeniería electoral, ni mucho menos en "inflar" padrones. Es el momento de los que durante años, han aportado al engrandecimiento de la DC desde su testimonio, de los que han intentado permanentemente marcar la diferencia entre ser liberales y ser comunitaristas, que probablemente no hayan ganado ninguna elección, pero que pueden pasearse por los barrios de Chile hablando de nuestros valores sin temor a la pifia o al insulto.
En el Partido debe haber espacio para todos, nadie debe ser excluido. Pero si alguien debe encabezar el proceso de recuperación, debe ser aquel que represente los valores que la ciudadanía nos reconoce (o reconocía) como parte de nuestra esencia.
Se hace urgente flexibilizar nuestros límites. Mostrar nuestros procesos y abrir nuestras decisiones. Para eso, necesitamos abolir nuestra actual forma de convivencia y organización, para convertirnos en un partido moderno, transparente que no tiene miedo de mostrarse tal como es. Un grupo de chilenas y chilenos que comparten un ideal común. Los dos sabemos de lo que hablo.

Espero que tu hijo (o hija) nazca sano.

Un abrazo
Nico

Anónimo dijo...

Yo apuesto por el recambio generacional en el PDC, es el momento de dejar de mirarnos el ombligo y pregonar solo nuestros intereses individuales.
La humildad y la generosidad deberian ser la mejor demostración del espiritu que nos mueve.

mauro