viernes, 17 de diciembre de 2010

Joaquín Walker, Presidente de la FEUC: El legado de un dirgente socialcristiano

Joaquín Walker no necesita presentaciones, porque tiene credenciales propias: haber encabezado la FEUC, dejar una tremenda huella marcada por la impronta sociacristiana y traspasar el mando a una nueva conducción liderada con el mismo espíritu.

Además, un orgullo para quienes, como él, nos sentimos hijos de la población La Bandera. Ha aquí un extracto de su discurso de cambio de mando.


Amigas y amigos,

Muy buenas noches y muy bienvenidos a esta fiesta estudiantil y universitaria, en la que no sólo traspasamos el mando, sino que también nos damos el tiempo –a veces escaso- para recoger el año y agradecer lo recibido y lo hecho durante este período.

Tenemos la alegría de recibirlos en el patio, donde cabemos todos (apretados, pero cabemos), para que compartamos esto que estamos edificando como Comunidad Universitaria, particularmente desde los estudiantes. Y gracias a Dios, aquí no estamos cerrando un ciclo; sólo estamos dando un paso más en el proceso de construcción de una Universidad Católica más comprometida con las problemáticas sociales y con más espacios de participación.

Cuando hace un año asumimos esta responsabilidad, hablamos en este mismo escenario sobre las particularidades del lapso en el que nos tocaría liderar este espacio de representación: el Bicentenario, un nuevo gobierno, una nueva Rectoría y –no podemos dejar de nombrarlo- el Mundial.

Nos propusimos en este contexto remecer a nuestros compañeros. Que no nos dejen indiferentes las desigualdades y contradicciones en nuestro Bicentenario.

Generamos foros, instancias de discusión y reflexión, y espacios para recordar y conmemorar a algunos personajes clave de nuestra Comunidad, varios de los cuales habían estado forzosamente olvidados.

El Terremoto

Lo de remecer se nos dio en serio, y la espantosa catástrofe del 27 de febrero fue también una oportunidad para dejarnos con-mover por la naturaleza humana que se desgarraba de dolor, aflorando miedos, debilidades, soledad y desesperanza; y también (fue una oportunidad) para poder disponernos a apaciguar ese sufrimiento con compañía, ayudar materialmente y representar políticamente la voz de quienes más lamentaron el siniestro: como siempre, los más pobres.

A las pocas horas del sismo nos organizamos como estudiantes, desde la FEUC, en coordinación con otras Universidades. Vimos la energía de nuestros compañeros, la energía de nuestra generación. Una generación a la que se le acusa de apática, pero que es capaz de encenderse, activando esa humanidad que desde lo más profundo nos llama a trabajar por los que sufren.

A los pocos días había voluntarios que querían partir con una pala a cualquier parte. Nuestro rol fue de hacer de canalizadores de esas ganas, que a veces se transformaba en ansiedad, y de coordinarnos con distintas organizaciones, especialmente con las comunidades locales. Los campus de la UC se transformaron en centros de acopio de alimentos, agua y abrigo; los vecinos de Macul y San Joaquín traían sus aportes, así también los de Providencia; e incluso el Club Deportivo San Carlos de Apoquindo se hizo parte. Se dieron vínculos naturales con las comunidades aledañas a los campus: la UC abría sus puertas al país y se entregaba por entera.

SOS UC se llamó la primera etapa, la de Urgencia. Nos contactamos con las localidades afectadas, e incluso con la ONEMI (que es parecida a lo que sale en el Club de la Comedia, pero algo funcionaba) y elaboramos un plan de acción con la Asociación Chilena de Municipalidades: una Municipalidad de la RM (o de otra Región no afectada) junto a una Federación de Estudiantes nos hacíamos cargo de una comuna dañada, para abastecerlas de las necesidades básicas. Junto a la Municipalidad de La Granja llevamos estudiantes de Medicina, Psicología, Construcción Civil e Ingeniería de los últimos años, para apoyar a las familias en lo más básico.

Pudimos apoyar con 25 camiones, 2.900 cajas de comida, 1.900 de higiene, 8.200 litros de agua y 280 frazadas, que enviamos a más de 20 localidades afectadas por el terremoto.

La segunda etapa fue la de Emergencia. Nació Suma Sur, que tuvo como principal finalidad construir viviendas de emergencia, donde más de 2 mil estudiantes colaboraron en el levantamiento de más de 700 mediaguas, que permitieron –en las terribles circunstancias que vivía el país- contribuir a tener espacios más dignos en los cuales residir.

Estas importantes acciones, fueron gracias al trabajo en conjunto de todos los Centros de Estudiantes. No fue la FEUC la gran gestionadora, sino sólo una coordinadora y plataforma. Por los Centros de Estudiantes, por su entrega y disposición, que no siempre es reconocida como merece, les pedimos un gran un aplauso.

Como FEUC también nos articulamos con distintas organizaciones sociales (de pescadores, artesanos, pobladores y ONGs) para plantear un diagnóstico y crítica sobre una reconstrucción que comenzaba a plantearse de manera poco participativa.

Además, nos hicimos parte en denunciar los miserables beneficios que el Estado asignó a los estudiantes de Educación Superior damnificados: $30 mil para transporte, materiales, alimentación y residencia. Simplemente, indigno e insuficiente para evitar la deserción. Sacamos la voz por quienes no estaban siendo escuchados, y presionando y proponiendo, logramos mejoras sustantivas para dichos alumnos, aunque insuficientes. Por lo que habrá que seguir trabajando (Giorgio).

Esta fuerza estudiantil que les comento, que fue a levantar mediaguas, que marchó por sus compañeros del sur, es clave para construir sociedad. Pero me quiero detener en algo que me pareció más valioso aún: el aporte global que dimos como Universidad y el que podemos seguir dando.

El día del terremoto, el Rector Pedro Pablo Rosso nos citó a un Consejo Superior Extraordinario para preguntar qué podemos hacer como Universidad. Grabamos esa imagen con cariño, pues como institución asumíamos la responsabilidad de hacernos cargo. Quiero felicitar aquí a la carrera de Psicología; a la Facultad de Medicina y sus Escuelas de Medicina y Enfermería; al Instituto de Geografía; y muy especialmente a la carrera de Arquitectura y al Decano de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, don José Rosas, que lamentablemente no pudo asistir por tener otros compromisos. Estas carreras que menciono dieron un aporte desde lo que les es más propio: lo académico. La Escuela de Arquitectura optó por empezar más tarde sus clases y, lo más importante, cambió sus cursos de Taller, sus mallas, para volcarse a las necesidades que tenía el país. Profesores enseñaban desde problemas concretos, los estudiantes aprendían y resolvían conflictos contingentes, y las comunidades recibían un aporte de calidad que sólo desde las Universidades podía ser entregado.

En algunas carreras, durante uno o dos semestres, se vivió la Universidad Católica que queremos construir. ¡Eso es estar conectados con el país! ¡Eso es tener vínculos con la sociedad, desde nuestra esencia universitaria!

Pero no necesitamos un terremoto para volcarnos como Universidad al país, porque catástrofes sociales existen, y existen desde antes. ¡Potenciemos este modelo de enseñanza! ¡Potenciemos el Programa Aprendizaje y Servicio! Y hagamos de la Universidad Católica un espacio de educación y entrega; entrega que se puede dar no como extensión sino precisamente desde la enseñanza.

Rol Universidad Católica

Este rol que tuvimos como Universidad, especialmente manifestado en algunas Facultades y carreras, nos debe llamar a cuestionar nuestro deber como institución de Educación Superior y como Iglesia en las actuales circunstancias que vivimos hoy.

Estamos en una crisis universitaria, que no es más que reflejo de una crisis cultural. Crisis que se revela en nuestras prioridades, que no van enfocadas hacia lo trascendente sino a lo banal y material, y que tienen como causa central nuestra concepción de desarrollo.

El Papa Benedicto XVI critica esta noción fuertemente en Caritas in Veritate. “El desarrollo de los pueblos es considerado con frecuencia como un problema de ingeniería financiera, de apertura de mercados, de bajadas de impuestos, de inversiones productivas, de reformas institucionales, en definitiva, como una cuestión exclusivamente técnica.” Y “la técnica nunca es sólo técnica”. Continúa diciendo: “el proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la técnica”. Y que “Esta (…) mentalidad tecnicista (…) hace coincidir la verdad con lo factible. Pero cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega automáticamente el desarrollo”.

Este modelo de desarrollo está latente en las Instituciones de Educación Superior. Ejemplo de ello es el ranking que quiere hacer el Gobierno para evaluar a dichas Instituciones: ordenarlas según el ingreso monetario de sus egresados. Esta no es la manera de medir calidad ni de invitar a avanzar hacia el desarrollo.

Como decíamos, nuestro sistema de educación superior está en crisis. Muchas veces nos contentamos con que alcanzamos la cobertura del 40% de los jóvenes en edad ideal de estudio. Nos tranquilizamos con que el 70% de los actuales estudiantes del sistema son primera generación profesional. Nos alienta que ya son 177 las instituciones que componen el sistema de educación terciario…

Pero, ¿para qué debieran ser estas instituciones?

Estamos creando profesionales para el mercado laboral, pero nos está faltando formar personas para la sociedad que necesita ser reconstruida. Estamos perfeccionándonos en técnica, pero estamos matando el espíritu. Estamos generando individuos que se adecúan al sistema y no humanos críticos que transformen estructuras La gran mayoría de las Universidades responden a esa lógica, y no sólo las privadas que nacieron después de 1981; también como UC caemos en esta dinámica.

¿Hacia dónde están llamadas las Universidades? ¿Cuál va a ser nuestro rol como Universidad Católica?

La misma Ex Corde Ecclesiae, Constitución Apostólica firmada por el Papa Juan Pablo II que rige a las Universidades Católicas, señala que “la Universidad Católica, como cualquier otra Universidad, está inmersa en la sociedad humana (…) y está llamada a ser instrumento cada vez más eficaz del progreso cultural tanto para las personas como para la sociedad. Sus actividades de investigación, por tanto, incluirán el estudio de los graves problemas contemporáneos, tales como, la dignidad de la vida humana, la promoción de la justicia para todos, la calidad de la vida personal y familiar, la protección de la naturaleza, la búsqueda de la paz y de la estabilidad política, una distribución más equitativa de los recursos del mundo y un nuevo ordenamiento económico y político que sirva mejor a la comunidad humana a nivel nacional e internacional”

Las Universidades deben ser reflejo del país que queremos construir, y sus estudiantes debemos ser obreros intelectuales del Chile que hoy necesita articularse. La gran mayoría de nuestros egresados se van después a trabajar al mundo privado, salvo algunos que ahora se fueron a importantes cargos del gobierno. No se trata de estigmatizar este ámbito, pero qué pasa con el sector público; ¡dónde están esos servidores públicos de la UC!

Rol de la FEUC en contexto cultural

Como Federación de Estudiantes, hemos querido no criticar desde lejos estas miserias, sino que hacernos cargo; asumirnos responsables y capaces de generar los cambios que el país necesita e intentar construirlos, humildemente, en la Universidad y desde la Universidad al país.

Partimos de la base de la urgente necesidad de vincularnos con las problemáticas sociales; de estar en sintonía con las demandas, carencias y conflictos que aquejan a nuestro país, siempre en coordinación con otros actores sociales y políticos. Asumiendo también que para crecer es necesario generar más espacios de participación e ir avanzando en democratizar nuestras estructuras universitarias.
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Comunidad

El tercer pilar es el de construir Comunidad Universitaria. Hemos querido avanzar hacia una universidad que se construya democráticamente con la participación de sus distintos estamentos; y si bien nos falta lograr espacios de decisión más relevantes, hoy podemos decir que dejamos –como Directiva 2010- una Comunidad Universitaria más fortalecida y empoderada, donde por primera vez después de 40 años, tenemos instancias de participación y decisión triestamentales.

El lema que usamos durante este año como FEUC fue La Universidad es Tuya. En un comienzo, el mensaje fue para nuestros compañeros, los estudiantes. Era un llamado a sentirse parte, a hacer propia la Universidad y desde ahí construirla, moldearla.

Y nace este mensaje porque vivimos años en los que a quienes planteábamos cambios, se nos decía: “Si no te gusta, ándate a la Chile”. “Pa qué entraste a la Católica si la querí cambiar…”. Frases que derrumbaban la moral. Por eso era necesario reafirmar el sentido de pertenencia, por eso era tan necesario el transmitir que La Universidad es Tuya.

Ese mensaje que originalmente era para los estudiantes, empezó a ser también, en parte, para los profesores y especialmente para los trabajadores de la Universidad. El mensaje fue trascendiendo y dotándose de más contenido.

Pero el 6 de Octubre de este año, ese slogan –La Universidad es Tuya- sobrepasó su naturaleza inicial. Ese día, gracias al Colectivo Memoria UC y a su Director, Luis Aguilar, recibimos la gracia de ser parte de la organización del Lanzamiento del Libro Una Luz Sobre la Sombra, que conmemora a los 28 miembros de nuestra Comunidad Universitaria que fueron asesinados y desaparecidos en dictadura.

Por primera vez se hizo un reconocimiento explícito en la propia UC para conmemorarlos -no desde una carrera particular-, con presencia de todos los estamentos y todas sus generaciones, en un acto oficial de más de mil personas.

Ese día, volvieron a sonar los nombres de esos 28 olvidados, de esos 28 que como UC no queríamos recordar. Ese día, como FEUC y como Comunidad Universitaria, le dijimos a esos 28 y a sus familiares que la Universidad es Suya.

El mejor ejemplo de fortalecimiento de nuestra Comunidad, es el Centro de Capacitación que nació de la FEUC del año pasado; proyecto que sigue robusteciéndose y que ha sido liderado por nuestro Presidente entrante, Giorgio Jackson; un proyecto que nace inspirado del Departamento Universitario Obrero Campesino (DUOC), y que hoy tiene vida propia: el Centro de Estudiantes y Trabajadores (CET UC).

El valor de la política

Sustentabilidad, Equidad y Comunidad. Estos han sido los ejes de nuestro trabajo, a través de los cuales se expresa la fuerza de la política, y la necesidad de la política como herramienta de construcción social.

Es imprescindible recuperarla y afianzar la participación colectiva en las decisiones políticas. Para eso, primero, es necesario lograr confianzas. Aquí no se da una lucha del bien contra el mal. Tenemos visiones de mundo distintas –lo que es una riqueza-, y para apreciarla tenemos que ser capaces de escuchar e intentar salvar la proposición del orto.

Y segundo, basarnos en la participación. La participación –que reúne la diversidad de intereses, opiniones y deseos- debe ser la base de la política, y no puede ser suplantada por supuestas verdades técnicas ni por caudillos mesiánicos.

Así queremos ver la política. Sin dejar de lado jamás el plantear nortes utópicos y a la vez generando propuestas viables para dirigirnos a ellos. Para así –en palabras de Norbert Lechner- “poder diseñar un proyecto realista de la sociedad deseada”

Como FEUC hemos querido generar confianzas y espacios de participación, para tomar decisiones colectivas sobre, por ejemplo nuestra propuesta como Universidad sobre una Reforma a la Educación Superior. Con muchos errores, imperfecciones y pecados, pero con un sincero ánimo de escuchar, respetar y avanzar.

También vemos como parte de la política, y ha estado en nuestras prioridades, el velar por los intereses de nuestros compañeros. No vemos esa dicotomía entre preocuparse por el país y por los intereses mismos del gremio estudiantil, y particularmente de los de la UC. Y en nuestro norte ha estado la preocupación por los estudiantes, especialmente para establecer relaciones de igualdad.

FEUC 2011 y desafíos

A la FEUC 2011 le toca la satisfactoria pero dura tarea de trabajar con un apoyo mayoritario en el Consejo de Presidentes. Tengan siempre presente lo difícil que nos ha sido llegar hasta acá, lo difícil que fue cuando el 2008 la Directiva FEUC de otro movimiento zanjaba las discusiones con aplastantes votaciones, sin permitir el diálogo. Acuérdense que si bien hemos despertado y empoderado esta Comunidad Universitaria, todavía no hemos cambiado las estructuras autoritarias que nos gobiernan. Hemos dado grande pasos, pero son muchos los que nos faltan por dar.

Tengamos presentes nuestras derrotas electorales y humanas pasadas, y reflotemos el aprendizaje que siempre deja perder; recordemos nuestras pobrezas y debilidades, y sigamos construyendo con humildad esa Universidad democrática que quiere darse al país.

Desde la Universidad Católica de Chile, desde sus estudiantes, con los sueños comunes de otros actores sociales y políticos, podemos contribuir a romper este paradigma individualista y alienante que está matando nuestra cultura. Por la liberación material y espiritual que como pueblo anhelamos, por el sentido de trascendencia, por los excluidos y marginados, con el Dios de los humildes, sigamos trabajando y construyendo una Universidad y un país más justo, fraterno y democrático.

Muchas gracias.
 
Joaquín Walker
Presidente FEUC 2009- 2010

1 comentario:

Vanessa Fuentes Sepulveda dijo...

QUIEN ERES NO TE CONOZCO.
ERES DE LA ÉLITE.

SALUDOS VANESS