jueves, 30 de diciembre de 2010

Porque la vida requiere coraje, defenderla también...

por Cristóbal Acevedo

Si estamos de acuerdo en algo tan básico como que la vida comienza al momento de la concepción, me pregunto entonces qué nos hace pensar que existen razones para suprimirla o, como ha propuesto el llamado proyecto Matthei-Rossi, por qué tendríamos derecho a elegir entre una vida u otra.

"Si  la persona humana, tal como han ido ratificando los cada vez más abundantes avances sobre el genoma humano, se inicia con la concepción, no parece lógico aceptar una regulación que limita la posibilidad de existir a las probabilidades de viabilidad futura del hijo que ya es persona"

De paso, como queriendo hacernos pensar que la inviabilidad del feto constituye una amenaza para la madre, el tan comentado proyecto de ley  incluye esta inviabilidad como causal de justificación del aborto. Si el aborto terapéutico realmente existiera, porque ciertamente constituye una contradicción en los términos, nada tiene que ver con la eugenesia, que busca utilizar métodos selectivos para evitar que ciertos miembros de la especie humana se desarrollen, por carecer de características que algunos consideran incompatibles con la vida humana.

Si  la persona humana, tal como han ido ratificando los cada vez más abundantes avances sobre el genoma humano, se inicia con la concepción, no parece lógico aceptar una regulación que limita la posibilidad de existir a las probabilidades de viabilidad futura del hijo que ya es persona. Por cierto, muchos hijos nacen con serios problemas de salud que de seguro le causarán la muerte al poco tiempo de vida ¿estaríamos entonces de acuerdo que existe un derecho a la madre de matar a su hijo nacido ya que no está obligada a soportar el sufrimiento que significa verlo morir por la enfermedad que lo aqueja?

"El argumento del heroísmo lo han construido aquellos que nos quieren mostrar un mundo perfecto, sin improvistos que debamos soportar como deberes si no son consecuencia de nuestras propias decisiones. Pero ese mundo, estimados, no existe"

Si la categoría "vida humana" es distinta dependiendo si se ésta se desarrolla dentro o fuera del útero, el argumento podría ser, al menos, revisable. Pero si la condición de persona surge desde la misma concepción, ¿qué hace distinto el derecho de un niño nacido con uno que está por nacer?

Las hipótesis que se esgrimen son respecto al carácter heroico que significa soportar una vida que sabemos que no podrá salir del vientre. Ese heroísmo no sería exigible. ¿Por qué es entonces exigible el heroísmo de la madre que tiene un hijo recién nacido que padece de cáncer terminal? Podría afirmar, sin temor a equivocarme, que en estas situaciones el sufrimiento de esa madre cuyo hijo ya ha nacido es tan grande como de la madre que tiene a su hijo en su vientre. ¿Por qué una de ellas estaría autorizada a anticipar la muerte de su hijo y la otra no? El argumento del heroísmo lo han construido aquellos que nos quieren mostrar un mundo perfecto, sin improvistos que debamos soportar como deberes si es que no son consecuencia de nuestras propias decisiones. Pero ese mundo, estimados, no existe.

Lo sabrán muy bien aquellos familiares cuyos hijos han quedado parapléjicos producto de un accidente automovilístico en el que no tuvieron responsabilidad alguna. Qué hace que los padres hagan todos los esfuerzos, soportando sufrimientos y tremendas cargas económicas, no solo para perseverar en la vida de su hijo, de su padre, esposa, hermano, sino además haciendo lo imposible por lograr su rehabilitación. Qué decisión libre fue aquella que produjo la paraplejia. Ninguna. ¿Qué deber tienen los familiares de sostener la vida en esos casos?

Es lo que ocurre pues, con las hipótesis de violación. Se arguye la falta de decisión del acto sexual como autorización para eliminar la vida del hijo (paradójicamente no la vida del violador). Qué tiene que ver ese acto de violencia brutal contra una mujer con la violencia que se ejerce contra el hijo no nacido y que ha sido fruto de la violación. Así como en el caso del accidente automovilístico sin culpa del afectado ni de sus familiares, la especie humana y en especial los padres, tienen el deber de proteger a sus hijos, darles lo mejor, cuales sean los imprevistos que la vida nos presente. Más que mal, nuestro derecho a elegir es posible porque alguien no eligió quitarnos la vida en nuestra etapa de desarrollo y mayor indefensión.

Por último, el argumento del aborto terapéutico se cae por su propia definición. Siempre es admisible una terapia curativa para la madre aun cuando eso arriesgue la vida del hijo por nacer. Distinto es que se utilice como medio la vida de un niño para salvar otra vida, la de la madre. Nuevamente surgen las voces que hablan de un Estado que no nos puede someter a heroísmo alguno. Sin duda, pero el derecho sí nos puede reprochar que alteremos la protección más básica de una persona, como es la vida del hijo por salvar la propia. La vida del hijo y de la madre son dos bienes de igual categoría, y no puede uno utilizarse como medio para salvar al otro. Como señalaba Kant, la persona es siempre un fin y nunca un medio.  Esa actitud, no es un heroísmo que exija el Estado, sino la simple consecuencia básica del deber de proteger y respetar la vida de los demás, más aun tratándose de un hijo.

"Porque vivir requiere coraje, defender la vida también. Podemos debatir, sin duda, pero sin por ello dejar de defender con valentía aquellos que consideramos nuestros valores fundamentales. Para algunos esta actitud es heroísmo, para otros intransigencia; yo pienso que simplemente es consecuencia y coraje"

Puesto que no tenemos derecho a matar al hijo nacido aun cuando sabemos que morirá tempranamente, tampoco tenemos derecho a hacerlo por el hecho que ese hijo no esté a la vista de los demás sino resguardado en el vientre materno. Y porque el fin no justifica los medios, salvar una vida no puede ser a costa de la vida de otra persona. Por último, el mundo que debe ser reflejado en el derecho no es un mundo sin imprevistos ni dificultades, ya que nadie puede excusarse de asumir los deberes que la realidad nos va presentando; menos, utilizar el fácil camino de suprimir las consecuencias de situaciones no deseadas por la vía de suprimir la vida de una persona. Es lo que se pretende con el aborto en casos de violación, en el que se busca eliminar por la violencia el único bien que ha surgido de tanta maldad y degeneración.

Así como vivir requiere coraje, ya que se nos presentan múltiples dificultades a lo largo de nuestra existencia -aun sin mediar decisión ni responsabilidad alguna de nuestra parte- el derecho debe ser reflejo de esa misma realidad y no intentar construir un mundo ideal, donde solo estamos llamados a asumir deberes en condiciones asépticas e ideales; esa realidad quizá exista en el fantasioso mundo de las pomadas disfrazadas de ideas que nos intentan vender, pero no en nuestra cotidiana existencia.

Porque vivir requiere coraje, defender la vida también. Podemos debatir, sin duda, pero sin por ello dejar de defender con valentía aquellos que consideramos nuestros valores fundamentales. Para algunos esta actitud es heroísmo, para otros intransigencia; yo pienso que simplemente es consecuencia y coraje.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Mensaje Navidad: Monseñor Ricardo Ezzati, Presidente Conferencia Episcopal de Chile

Hermanos y Hermanas en el Señor,

Al concluir un año particularmente intenso para nuestro pueblo, el Señor nos vuelve a sorprender con la gratuidad de su nacimiento entre nosotros. Es la Buena Noticia que queremos anunciarles.

1.- Este año, al cumplirse nuestro Bicentenario de vida como nación, hemos mirado la identidad de Chile y, en ella, hemos reconocido la presencia de Cristo y el decidido servicio de la Iglesia en la configuración de nuestra cultura. ¡Cómo no dar gracias a Dios por este inmenso privilegio!
"Tampoco el caminar de la Iglesia ha estado libre de la cruz y de contradicciones. En este tiempo de Misión, hemos sentido la presencia del Espíritu y sus frutos de santidad, y la peregrinación de la Virgen del Carmen Misionera, junto al Evangelio de Chile, ha sido testimonio del sello cristiano que marca el “alma de Chile”"
Varios sucesos de este año nos han recordado, también que nuestra sociedad sigue marcada por fuertes contrastes. El devastador terremoto y maremoto, el derrumbe en la mina San José, la situación de los comuneros mapuche, el incendio en la cárcel de San Miguel, han sido señales que nos han puesto al desnudo las grandes y graves fragilidades, que debemos abordar en diálogo generoso y con la buena voluntad de todos. Al mismo tiempo, estos episodios nos han hablado de la profunda vocación fraterna y solidaria de un pueblo que sabe sobreponerse a las tragedias y que es capaz de desplegar esfuerzos comunes para reconstruir y socorrer, para orar y celebrar.

Tampoco el caminar de la Iglesia ha estado libre de la cruz y de contradicciones. En este tiempo de Misión, hemos sentido la presencia del Espíritu y sus frutos de santidad, y la peregrinación de la Virgen del Carmen Misionera, junto al Evangelio de Chile, ha sido testimonio del sello cristiano que marca el “alma de Chile”. De todo ello estamos agradecidos. También hemos pedido perdón por nuestras fragilidades e infidelidades, y renovado el propósito de vivir más fielmente en nuestra vocación. Por sobre todo, hemos dado gracias a Dios por “las obras grandes” que no deja de realizar en medio nuestro y en nuestro favor.

"junto a la Sagrada Familia, con humildad y renovada esperanza, nos acercamos a los pobres y excluidos, a los que sufren la angustia y la soledad, a los enfermos, especialmente a quienes viven los últimos días de su vida"

2.- En este contexto de gracia y fragilidad, escuchamos el alegre anuncio de la Navidad: “No teman, les anuncio una gran alegría: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es Cristo Señor.” (Lc 2,11). Delante del pesebre, reconocemos que no somos capaces de conducir nuestra historia, pero, con gozo, experimentamos que el Señor no nos deja solos. Él mismo ha venido a formar parte de nuestro camino.

No estamos solos: Dios se ha hecho uno de nosotros, participa de nuestra vida cotidiana y lo podemos reconocer en cada hermano, en los niños y en los pobres, en los ancianos y en los abandonados. Está presente en nuestra familia y en nuestra comunidad, en el estudio y en el trabajo, y su presencia es profecía de la verdadera grandeza de la dignidad humana. Lo sabemos: la venida del Hijo de Dios a nuestra vida no es un logro nuestro, sino un verdadero regalo del cielo: algo que no merecemos y que se nos concede gratuitamente. Un don, sin embargo, que requiere nuestra colaboración, como lo hizo María de Nazaret, Madre de Dios por su total disponibilidad a la Palabra del Señor. Ella, la bienaventurada por haber creído, representa lo mejor de la humanidad, en su total disponibilidad y acogida de la voluntad salvadora de Dios.

3.- Hoy, cuando esperamos su venida, le confiamos nuestra propia contradicción entre la grandeza de la vocación humana y nuestra incapacidad de alcanzarla en plenitud. Allí, en la pesebrera de Belén, descansa nuestra certeza: Dios no nos ha dejado solos, porque ha querido quedarse para siempre en nuestra vida, en nuestras familias y comunidades. En la humildad del pesebre, Dios Padre ha querido recostar a su Hijo. En esa cuna sencilla “nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.

4.- Celebrar la Navidad en este año tan intenso es un hermoso motivo de esperanza. El misterio de Belén nos enseña lo valiosos que somos a los ojos de Dios y, al mismo tiempo, nos estimula a comprometernos para que cada hermano y cada hermana puedan vivir de acuerdo a su dignidad de hijo de Dios. Jesús, don del Padre, nos invita a hacernos don para los demás y ser forjadores de una cultura del don.
Por eso, junto a la Sagrada Familia, con humildad y renovada esperanza, nos acercamos a los pobres y excluidos, a los que sufren la angustia y la soledad, a los enfermos, especialmente a quienes viven los últimos días de su vida. Nos acercamos a los internos e internas de todas las cárceles, especialmente los más olvidados; a quienes aún sufren los estragos sicológicos, espirituales y materiales del terremoto; a todos los trabajadores y trabajadoras del país, y entre ellos a quienes laboran en condiciones más precarias e inseguras, y a quienes han perdido o temen perder sus fuentes laborales.

Nos acercamos a los niños y jóvenes vulnerados, que sufren la incertidumbre de un futuro sin oportunidades y para quienes tampoco hay lugar en las posadas del estudio y del trabajo. A las familias en crisis, a las mujeres discriminadas y violentadas, a todos aquellos que han sido agredidos en su derecho a una vida digna. A todos ellos les decimos: Dios recostado en el establo de Belén, es la esperanza que no defrauda.

Y a quienes gozan un tiempo de paz y bienestar, que disfrutan y agradecen una Navidad feliz, especialmente a los niños para quienes este misterio de fe significa también alegría y encanto, les invitamos a compartir el gozo de Nochebuena con aquellos que sufren algún dolor. Que en nuestra cercanía y solidaridad, tantas personas que sufren, puedan reconocer a Jesús como su esperanza.

Queridas hermanas, queridos hermanos: al dar gracias por la mesa eucarística y por los dones que compartiremos en Navidad, renovemos nuestro anhelo de hacer de Chile una mesa para todos. Que cada abrazo, cada saludo, cada obsequio, sea el testimonio alegre de una vida renovada por el Señor. Que la esperanza que nos da la Navidad, nos lleve a abrirnos cada vez más a Dios y a los hermanos. A todos los habitantes de nuestra patria, les deseamos con afecto una muy Feliz Navidad.

EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE
† Ricardo Ezzati Andrello

Arzobispo Electo de Santiago

Presidente



viernes, 17 de diciembre de 2010

Joaquín Walker, Presidente de la FEUC: El legado de un dirgente socialcristiano

Joaquín Walker no necesita presentaciones, porque tiene credenciales propias: haber encabezado la FEUC, dejar una tremenda huella marcada por la impronta sociacristiana y traspasar el mando a una nueva conducción liderada con el mismo espíritu.

Además, un orgullo para quienes, como él, nos sentimos hijos de la población La Bandera. Ha aquí un extracto de su discurso de cambio de mando.


Amigas y amigos,

Muy buenas noches y muy bienvenidos a esta fiesta estudiantil y universitaria, en la que no sólo traspasamos el mando, sino que también nos damos el tiempo –a veces escaso- para recoger el año y agradecer lo recibido y lo hecho durante este período.

Tenemos la alegría de recibirlos en el patio, donde cabemos todos (apretados, pero cabemos), para que compartamos esto que estamos edificando como Comunidad Universitaria, particularmente desde los estudiantes. Y gracias a Dios, aquí no estamos cerrando un ciclo; sólo estamos dando un paso más en el proceso de construcción de una Universidad Católica más comprometida con las problemáticas sociales y con más espacios de participación.

Cuando hace un año asumimos esta responsabilidad, hablamos en este mismo escenario sobre las particularidades del lapso en el que nos tocaría liderar este espacio de representación: el Bicentenario, un nuevo gobierno, una nueva Rectoría y –no podemos dejar de nombrarlo- el Mundial.

Nos propusimos en este contexto remecer a nuestros compañeros. Que no nos dejen indiferentes las desigualdades y contradicciones en nuestro Bicentenario.

Generamos foros, instancias de discusión y reflexión, y espacios para recordar y conmemorar a algunos personajes clave de nuestra Comunidad, varios de los cuales habían estado forzosamente olvidados.

El Terremoto

Lo de remecer se nos dio en serio, y la espantosa catástrofe del 27 de febrero fue también una oportunidad para dejarnos con-mover por la naturaleza humana que se desgarraba de dolor, aflorando miedos, debilidades, soledad y desesperanza; y también (fue una oportunidad) para poder disponernos a apaciguar ese sufrimiento con compañía, ayudar materialmente y representar políticamente la voz de quienes más lamentaron el siniestro: como siempre, los más pobres.

A las pocas horas del sismo nos organizamos como estudiantes, desde la FEUC, en coordinación con otras Universidades. Vimos la energía de nuestros compañeros, la energía de nuestra generación. Una generación a la que se le acusa de apática, pero que es capaz de encenderse, activando esa humanidad que desde lo más profundo nos llama a trabajar por los que sufren.

A los pocos días había voluntarios que querían partir con una pala a cualquier parte. Nuestro rol fue de hacer de canalizadores de esas ganas, que a veces se transformaba en ansiedad, y de coordinarnos con distintas organizaciones, especialmente con las comunidades locales. Los campus de la UC se transformaron en centros de acopio de alimentos, agua y abrigo; los vecinos de Macul y San Joaquín traían sus aportes, así también los de Providencia; e incluso el Club Deportivo San Carlos de Apoquindo se hizo parte. Se dieron vínculos naturales con las comunidades aledañas a los campus: la UC abría sus puertas al país y se entregaba por entera.

SOS UC se llamó la primera etapa, la de Urgencia. Nos contactamos con las localidades afectadas, e incluso con la ONEMI (que es parecida a lo que sale en el Club de la Comedia, pero algo funcionaba) y elaboramos un plan de acción con la Asociación Chilena de Municipalidades: una Municipalidad de la RM (o de otra Región no afectada) junto a una Federación de Estudiantes nos hacíamos cargo de una comuna dañada, para abastecerlas de las necesidades básicas. Junto a la Municipalidad de La Granja llevamos estudiantes de Medicina, Psicología, Construcción Civil e Ingeniería de los últimos años, para apoyar a las familias en lo más básico.

Pudimos apoyar con 25 camiones, 2.900 cajas de comida, 1.900 de higiene, 8.200 litros de agua y 280 frazadas, que enviamos a más de 20 localidades afectadas por el terremoto.

La segunda etapa fue la de Emergencia. Nació Suma Sur, que tuvo como principal finalidad construir viviendas de emergencia, donde más de 2 mil estudiantes colaboraron en el levantamiento de más de 700 mediaguas, que permitieron –en las terribles circunstancias que vivía el país- contribuir a tener espacios más dignos en los cuales residir.

Estas importantes acciones, fueron gracias al trabajo en conjunto de todos los Centros de Estudiantes. No fue la FEUC la gran gestionadora, sino sólo una coordinadora y plataforma. Por los Centros de Estudiantes, por su entrega y disposición, que no siempre es reconocida como merece, les pedimos un gran un aplauso.

Como FEUC también nos articulamos con distintas organizaciones sociales (de pescadores, artesanos, pobladores y ONGs) para plantear un diagnóstico y crítica sobre una reconstrucción que comenzaba a plantearse de manera poco participativa.

Además, nos hicimos parte en denunciar los miserables beneficios que el Estado asignó a los estudiantes de Educación Superior damnificados: $30 mil para transporte, materiales, alimentación y residencia. Simplemente, indigno e insuficiente para evitar la deserción. Sacamos la voz por quienes no estaban siendo escuchados, y presionando y proponiendo, logramos mejoras sustantivas para dichos alumnos, aunque insuficientes. Por lo que habrá que seguir trabajando (Giorgio).

Esta fuerza estudiantil que les comento, que fue a levantar mediaguas, que marchó por sus compañeros del sur, es clave para construir sociedad. Pero me quiero detener en algo que me pareció más valioso aún: el aporte global que dimos como Universidad y el que podemos seguir dando.

El día del terremoto, el Rector Pedro Pablo Rosso nos citó a un Consejo Superior Extraordinario para preguntar qué podemos hacer como Universidad. Grabamos esa imagen con cariño, pues como institución asumíamos la responsabilidad de hacernos cargo. Quiero felicitar aquí a la carrera de Psicología; a la Facultad de Medicina y sus Escuelas de Medicina y Enfermería; al Instituto de Geografía; y muy especialmente a la carrera de Arquitectura y al Decano de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, don José Rosas, que lamentablemente no pudo asistir por tener otros compromisos. Estas carreras que menciono dieron un aporte desde lo que les es más propio: lo académico. La Escuela de Arquitectura optó por empezar más tarde sus clases y, lo más importante, cambió sus cursos de Taller, sus mallas, para volcarse a las necesidades que tenía el país. Profesores enseñaban desde problemas concretos, los estudiantes aprendían y resolvían conflictos contingentes, y las comunidades recibían un aporte de calidad que sólo desde las Universidades podía ser entregado.

En algunas carreras, durante uno o dos semestres, se vivió la Universidad Católica que queremos construir. ¡Eso es estar conectados con el país! ¡Eso es tener vínculos con la sociedad, desde nuestra esencia universitaria!

Pero no necesitamos un terremoto para volcarnos como Universidad al país, porque catástrofes sociales existen, y existen desde antes. ¡Potenciemos este modelo de enseñanza! ¡Potenciemos el Programa Aprendizaje y Servicio! Y hagamos de la Universidad Católica un espacio de educación y entrega; entrega que se puede dar no como extensión sino precisamente desde la enseñanza.

Rol Universidad Católica

Este rol que tuvimos como Universidad, especialmente manifestado en algunas Facultades y carreras, nos debe llamar a cuestionar nuestro deber como institución de Educación Superior y como Iglesia en las actuales circunstancias que vivimos hoy.

Estamos en una crisis universitaria, que no es más que reflejo de una crisis cultural. Crisis que se revela en nuestras prioridades, que no van enfocadas hacia lo trascendente sino a lo banal y material, y que tienen como causa central nuestra concepción de desarrollo.

El Papa Benedicto XVI critica esta noción fuertemente en Caritas in Veritate. “El desarrollo de los pueblos es considerado con frecuencia como un problema de ingeniería financiera, de apertura de mercados, de bajadas de impuestos, de inversiones productivas, de reformas institucionales, en definitiva, como una cuestión exclusivamente técnica.” Y “la técnica nunca es sólo técnica”. Continúa diciendo: “el proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la técnica”. Y que “Esta (…) mentalidad tecnicista (…) hace coincidir la verdad con lo factible. Pero cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega automáticamente el desarrollo”.

Este modelo de desarrollo está latente en las Instituciones de Educación Superior. Ejemplo de ello es el ranking que quiere hacer el Gobierno para evaluar a dichas Instituciones: ordenarlas según el ingreso monetario de sus egresados. Esta no es la manera de medir calidad ni de invitar a avanzar hacia el desarrollo.

Como decíamos, nuestro sistema de educación superior está en crisis. Muchas veces nos contentamos con que alcanzamos la cobertura del 40% de los jóvenes en edad ideal de estudio. Nos tranquilizamos con que el 70% de los actuales estudiantes del sistema son primera generación profesional. Nos alienta que ya son 177 las instituciones que componen el sistema de educación terciario…

Pero, ¿para qué debieran ser estas instituciones?

Estamos creando profesionales para el mercado laboral, pero nos está faltando formar personas para la sociedad que necesita ser reconstruida. Estamos perfeccionándonos en técnica, pero estamos matando el espíritu. Estamos generando individuos que se adecúan al sistema y no humanos críticos que transformen estructuras La gran mayoría de las Universidades responden a esa lógica, y no sólo las privadas que nacieron después de 1981; también como UC caemos en esta dinámica.

¿Hacia dónde están llamadas las Universidades? ¿Cuál va a ser nuestro rol como Universidad Católica?

La misma Ex Corde Ecclesiae, Constitución Apostólica firmada por el Papa Juan Pablo II que rige a las Universidades Católicas, señala que “la Universidad Católica, como cualquier otra Universidad, está inmersa en la sociedad humana (…) y está llamada a ser instrumento cada vez más eficaz del progreso cultural tanto para las personas como para la sociedad. Sus actividades de investigación, por tanto, incluirán el estudio de los graves problemas contemporáneos, tales como, la dignidad de la vida humana, la promoción de la justicia para todos, la calidad de la vida personal y familiar, la protección de la naturaleza, la búsqueda de la paz y de la estabilidad política, una distribución más equitativa de los recursos del mundo y un nuevo ordenamiento económico y político que sirva mejor a la comunidad humana a nivel nacional e internacional”

Las Universidades deben ser reflejo del país que queremos construir, y sus estudiantes debemos ser obreros intelectuales del Chile que hoy necesita articularse. La gran mayoría de nuestros egresados se van después a trabajar al mundo privado, salvo algunos que ahora se fueron a importantes cargos del gobierno. No se trata de estigmatizar este ámbito, pero qué pasa con el sector público; ¡dónde están esos servidores públicos de la UC!

Rol de la FEUC en contexto cultural

Como Federación de Estudiantes, hemos querido no criticar desde lejos estas miserias, sino que hacernos cargo; asumirnos responsables y capaces de generar los cambios que el país necesita e intentar construirlos, humildemente, en la Universidad y desde la Universidad al país.

Partimos de la base de la urgente necesidad de vincularnos con las problemáticas sociales; de estar en sintonía con las demandas, carencias y conflictos que aquejan a nuestro país, siempre en coordinación con otros actores sociales y políticos. Asumiendo también que para crecer es necesario generar más espacios de participación e ir avanzando en democratizar nuestras estructuras universitarias.
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Comunidad

El tercer pilar es el de construir Comunidad Universitaria. Hemos querido avanzar hacia una universidad que se construya democráticamente con la participación de sus distintos estamentos; y si bien nos falta lograr espacios de decisión más relevantes, hoy podemos decir que dejamos –como Directiva 2010- una Comunidad Universitaria más fortalecida y empoderada, donde por primera vez después de 40 años, tenemos instancias de participación y decisión triestamentales.

El lema que usamos durante este año como FEUC fue La Universidad es Tuya. En un comienzo, el mensaje fue para nuestros compañeros, los estudiantes. Era un llamado a sentirse parte, a hacer propia la Universidad y desde ahí construirla, moldearla.

Y nace este mensaje porque vivimos años en los que a quienes planteábamos cambios, se nos decía: “Si no te gusta, ándate a la Chile”. “Pa qué entraste a la Católica si la querí cambiar…”. Frases que derrumbaban la moral. Por eso era necesario reafirmar el sentido de pertenencia, por eso era tan necesario el transmitir que La Universidad es Tuya.

Ese mensaje que originalmente era para los estudiantes, empezó a ser también, en parte, para los profesores y especialmente para los trabajadores de la Universidad. El mensaje fue trascendiendo y dotándose de más contenido.

Pero el 6 de Octubre de este año, ese slogan –La Universidad es Tuya- sobrepasó su naturaleza inicial. Ese día, gracias al Colectivo Memoria UC y a su Director, Luis Aguilar, recibimos la gracia de ser parte de la organización del Lanzamiento del Libro Una Luz Sobre la Sombra, que conmemora a los 28 miembros de nuestra Comunidad Universitaria que fueron asesinados y desaparecidos en dictadura.

Por primera vez se hizo un reconocimiento explícito en la propia UC para conmemorarlos -no desde una carrera particular-, con presencia de todos los estamentos y todas sus generaciones, en un acto oficial de más de mil personas.

Ese día, volvieron a sonar los nombres de esos 28 olvidados, de esos 28 que como UC no queríamos recordar. Ese día, como FEUC y como Comunidad Universitaria, le dijimos a esos 28 y a sus familiares que la Universidad es Suya.

El mejor ejemplo de fortalecimiento de nuestra Comunidad, es el Centro de Capacitación que nació de la FEUC del año pasado; proyecto que sigue robusteciéndose y que ha sido liderado por nuestro Presidente entrante, Giorgio Jackson; un proyecto que nace inspirado del Departamento Universitario Obrero Campesino (DUOC), y que hoy tiene vida propia: el Centro de Estudiantes y Trabajadores (CET UC).

El valor de la política

Sustentabilidad, Equidad y Comunidad. Estos han sido los ejes de nuestro trabajo, a través de los cuales se expresa la fuerza de la política, y la necesidad de la política como herramienta de construcción social.

Es imprescindible recuperarla y afianzar la participación colectiva en las decisiones políticas. Para eso, primero, es necesario lograr confianzas. Aquí no se da una lucha del bien contra el mal. Tenemos visiones de mundo distintas –lo que es una riqueza-, y para apreciarla tenemos que ser capaces de escuchar e intentar salvar la proposición del orto.

Y segundo, basarnos en la participación. La participación –que reúne la diversidad de intereses, opiniones y deseos- debe ser la base de la política, y no puede ser suplantada por supuestas verdades técnicas ni por caudillos mesiánicos.

Así queremos ver la política. Sin dejar de lado jamás el plantear nortes utópicos y a la vez generando propuestas viables para dirigirnos a ellos. Para así –en palabras de Norbert Lechner- “poder diseñar un proyecto realista de la sociedad deseada”

Como FEUC hemos querido generar confianzas y espacios de participación, para tomar decisiones colectivas sobre, por ejemplo nuestra propuesta como Universidad sobre una Reforma a la Educación Superior. Con muchos errores, imperfecciones y pecados, pero con un sincero ánimo de escuchar, respetar y avanzar.

También vemos como parte de la política, y ha estado en nuestras prioridades, el velar por los intereses de nuestros compañeros. No vemos esa dicotomía entre preocuparse por el país y por los intereses mismos del gremio estudiantil, y particularmente de los de la UC. Y en nuestro norte ha estado la preocupación por los estudiantes, especialmente para establecer relaciones de igualdad.

FEUC 2011 y desafíos

A la FEUC 2011 le toca la satisfactoria pero dura tarea de trabajar con un apoyo mayoritario en el Consejo de Presidentes. Tengan siempre presente lo difícil que nos ha sido llegar hasta acá, lo difícil que fue cuando el 2008 la Directiva FEUC de otro movimiento zanjaba las discusiones con aplastantes votaciones, sin permitir el diálogo. Acuérdense que si bien hemos despertado y empoderado esta Comunidad Universitaria, todavía no hemos cambiado las estructuras autoritarias que nos gobiernan. Hemos dado grande pasos, pero son muchos los que nos faltan por dar.

Tengamos presentes nuestras derrotas electorales y humanas pasadas, y reflotemos el aprendizaje que siempre deja perder; recordemos nuestras pobrezas y debilidades, y sigamos construyendo con humildad esa Universidad democrática que quiere darse al país.

Desde la Universidad Católica de Chile, desde sus estudiantes, con los sueños comunes de otros actores sociales y políticos, podemos contribuir a romper este paradigma individualista y alienante que está matando nuestra cultura. Por la liberación material y espiritual que como pueblo anhelamos, por el sentido de trascendencia, por los excluidos y marginados, con el Dios de los humildes, sigamos trabajando y construyendo una Universidad y un país más justo, fraterno y democrático.

Muchas gracias.
 
Joaquín Walker
Presidente FEUC 2009- 2010

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Libertad para Algunos?

por Cristóbal Acevedo

La polémica sobre un supuesto “boicot” económico en contra del diario The Clinic ha abierto nuevamente la discusión sobre los límites de la libertad de expresión y el poder económico. En efecto, a simple vista la idea de que un grupo –que según lo que indican los editores de ese medio sería Muévete Chile- promueva que no se financie un medio de comunicación, podría ser calificada como un injusto ataque a la libertad de prensa.

Pero el asunto tiene bastante más matices que es necesario analizar. Partiendo de la base que en Chile está garantizada la no censura previa, esto es, que ningún órgano del Estado puede impedir que se comunique algo previo a que haya sido publicado, eso no obsta a que los particulares decidan qué prefieren leer o, en el caso de las empresas, a qué medio contribuir dinero por la vía de donaciones o publicidad pagada.

"Si le atribuimos tal carácter de conciencia a las organizaciones empresariales, ¿por qué no podríamos esperar también que promuevan o eviten que se afecten valores espirituales que consideran buenos para la sociedad? "

Cuando se le exige a las empresas una responsabilidad social, estamos reconociendo que detrás de las empresas existen personas capaces de discernir y entender que más allá de una legítima ganancia, sus acciones pueden afectar positiva o negativamente a la comunidad. Admitir un concepto de este tipo, implica pues, admitir que las empresas pueden y deben guiarse no solo por aquello que les es más rentable, sino que también por aquello que contribuye al desarrollo social. La responsabilidad social exige incluso que las empresas reduzcan sus utilidades en pos del bien común, y todos consideramos que está bien que eso así sea.

"sería paradojal, y expresión de un post modernismo macondiano, que The Clinic se sintiera atacado porque una organización llame a los empresarios católicos a no patrocinar aquel medio que ridiculiza a su máximo Pastor"

Si le atribuimos tal carácter de conciencia a las organizaciones empresariales, ¿por qué no podríamos esperar también que promuevan o eviten que se afecten valores espirituales que consideran buenos para la sociedad? Si desde el punto de vista ético las empresas deben optar por invertir en proyectos que generen un beneficio al medioambiente sobre aquellos que lo dañan, por qué entonces no podrían elegir invertir sus recursos en proyectos que promuevan los valores espirituales a los que adhieren, o al menos que no afecten esos valores, por sobre un proyecto que pone en ridículo a la máxima autoridad moral de una comunidad religiosa nacional y mundial.

Cuando la semana antepasada The Clinic eligió libremente ridiculizar ofensivamente en su portada –dicho sea de paso, sin mayor razón ni argumento- a Benedicto XIV, disfrazado de profiláctico y bajo denominación fálica, debió evaluar también que las organizaciones comunitarias y empresariales que se sienten interpretadas por Benedicto XVI y lo consideran el Vicario de Cristo en la tierra, sucesor de San Pedro, se verían gravemente agredidas, y considerarían aquello como una afectación a valores espirituales que promueven y en los que creen.

"Si The Clinic se vuelve ahora el censor de lo que otros hacen o promueven, quiere decir que pasamos a un estadio superior de la parodia del absurdo dirigida por una nueva inquisición de corte cool"

Entiendo que nadie siquiera ha insinuado sacar de circulación dicho medio de comunicación, puesto que gracias a la democracia que recuperamos existen garantías constitucionales que protegen los derechos de todos los medios de comunicación, pero eso no obsta a que los particulares ejerzan su derecho a protestar y a evitar que se destinen recursos a un medio que ofende gravemente sus valores, más aún, cuando dicha actitud no es aislada sino parte de una línea editorial.

Por ello es que sería paradojal, y expresión de un post-modernismo “macondiano”, que The Clinic se sintiera atacado porque una organización llame a los empresarios católicos a no patrocinar aquel medio que ridiculiza a su máximo Pastor.

Es cierto que en democracia los debates se ganan con ideas, pero las ideas se materializan y difunden gracias a los recursos que contribuyen aquellos que comparten dicho ideario. De ahí, que no le es exigible a nadie que aliente, financie o promueva con sus recursos aquellos valores, ideas o ridiculizaciones que agravien sus principios fundamentales o a las instituciones a las que pertenecen.

Si The Clinic se vuelve ahora el censor de lo que otros hacen o promueven, quiere decir que pasamos a un estadio superior de la parodia del absurdo dirigida por una nueva inquisición de corte cool.