
Disciplina es la palabra de moda está semana. Lagos reapareció en el espacio político con un grito de disciplina desesperado para los partidos de la concertación. Al día replica Enriquez- Ominami haciendo una apología a las actitudes díscolas pretéritas de Lagos. Se vierten litros de tintas con columnas hablando sobre obediencia, instrucciones de partido, reformas al sistema, todas formulas mágicas para ganar la próxima elección. Pero…es sólo un problema de actitud? Basta con formulas mágicas que permitan hacerlos a todos obedecer y corear al unísono la aprobación de los proyectos de su coalición? Creo que el problema es un poco más profundo que eso.
De pronto este país se dio un giro en 180 grados. Todo, absolutamente todo cambio. El Chile que conocieron mis abuelos no tiene nada que ver con en el que yo vivo. Sólo una cosa se detuvo en el tiempo: los partidos y sus líderes. Tal cuál, salvo nomenclaturas más o menos, tenemos casi los mismos partidos que el año 80 (si…28 años atrás) y prácticamente los mismo líderes o caudillos a cargo de ellos. Además, todos mantienen la antigua lógica de la militancia en padrones internos como mecanismo de participación, padrones que son controlados y administrados por unos pocos, con un alto porcentaje de clientelismo. La cerradura final al sistema está puesta por un sistema electoral poco competitivo, que tiene como clivajes un sistema de inscripción electoral vetusto y el acuerdo tácito de los partidos para mantener a sus representantes. En conclusión, unos pocos militantes activos con bolsones de fichas y caudillos históricos administrando el sistema, se transforman en un incentivo perverso para aquellos que han sido ya electos, llevándolos a actuar como “díscolos” dentro del sistema, de manera de captar la atención pública y renegociar en mejor posición su próxima elección.
Mientras no exista renovación del sistema –por favor inscripción automática ahora!!!!!-, partidos modernos y reestructurados, lo que viviremos es la decadencia del sistema político-electoral. El incentivo a ser díscolos en un sistema anclado es demasiado alto como para rehusarte, máxime si eres parte de la coalición gobernante. Ser obsecuente no tiene réditos electorales ni trae beneficios directos a los electores del distrito que rentabilizar personalmente y ser díscolo no conlleva costos políticos internos –sigo teniendo mi cupo asegurado- mientras se tenga el padrón controlado. El resultado es obvio, sumando y restando, es mucho más fácil ser díscolo en un sistema poco competitivo y capturado por maquinas partidarias. Si a todo esto le agregamos partidos carentes de proyecto político y desdibujados ideológicamente, el resultado es riesgoso para la estabilidad del país
Entonces, el problema no es sólo una cuestión de actitud, es un dilema institucional. Urge en el sistema general reformar el sistema de partidos (las ordenes de partido no son la solución), transparentando sus sistemas de militancia y facilitando su creación o disolución, de manera de hacer competitiva su existencia. Urge incorporar nuevos electores a los procesos eleccionarios que obliguen a una sana política de renovación dentro de los partidos. Urge reformar el sistema electoral de manera que impidamos que exista colusión entre los partidos políticos que impida el ingreso de nuevos actores al sistema.
En suma, necesitamos más democracia en el sistema de partidos o electoral. No nos lamentemos después de nuestra crisis, pues es evidente que la dispersión actual de los parlamentarios son síntomas que por si mismos no pueden –ni tienen incentivos- para superarla. El primero que apueste al cambio, será el que verdad logre disciplina permanente y el líder que el país espera. La disciplina se transformará entonces en adhesión intelectual. Ese el verdadero cambio de actitud.
Sebastián Iglesias Ramírez
Abogado UC
De pronto este país se dio un giro en 180 grados. Todo, absolutamente todo cambio. El Chile que conocieron mis abuelos no tiene nada que ver con en el que yo vivo. Sólo una cosa se detuvo en el tiempo: los partidos y sus líderes. Tal cuál, salvo nomenclaturas más o menos, tenemos casi los mismos partidos que el año 80 (si…28 años atrás) y prácticamente los mismo líderes o caudillos a cargo de ellos. Además, todos mantienen la antigua lógica de la militancia en padrones internos como mecanismo de participación, padrones que son controlados y administrados por unos pocos, con un alto porcentaje de clientelismo. La cerradura final al sistema está puesta por un sistema electoral poco competitivo, que tiene como clivajes un sistema de inscripción electoral vetusto y el acuerdo tácito de los partidos para mantener a sus representantes. En conclusión, unos pocos militantes activos con bolsones de fichas y caudillos históricos administrando el sistema, se transforman en un incentivo perverso para aquellos que han sido ya electos, llevándolos a actuar como “díscolos” dentro del sistema, de manera de captar la atención pública y renegociar en mejor posición su próxima elección.
Mientras no exista renovación del sistema –por favor inscripción automática ahora!!!!!-, partidos modernos y reestructurados, lo que viviremos es la decadencia del sistema político-electoral. El incentivo a ser díscolos en un sistema anclado es demasiado alto como para rehusarte, máxime si eres parte de la coalición gobernante. Ser obsecuente no tiene réditos electorales ni trae beneficios directos a los electores del distrito que rentabilizar personalmente y ser díscolo no conlleva costos políticos internos –sigo teniendo mi cupo asegurado- mientras se tenga el padrón controlado. El resultado es obvio, sumando y restando, es mucho más fácil ser díscolo en un sistema poco competitivo y capturado por maquinas partidarias. Si a todo esto le agregamos partidos carentes de proyecto político y desdibujados ideológicamente, el resultado es riesgoso para la estabilidad del país
Entonces, el problema no es sólo una cuestión de actitud, es un dilema institucional. Urge en el sistema general reformar el sistema de partidos (las ordenes de partido no son la solución), transparentando sus sistemas de militancia y facilitando su creación o disolución, de manera de hacer competitiva su existencia. Urge incorporar nuevos electores a los procesos eleccionarios que obliguen a una sana política de renovación dentro de los partidos. Urge reformar el sistema electoral de manera que impidamos que exista colusión entre los partidos políticos que impida el ingreso de nuevos actores al sistema.
En suma, necesitamos más democracia en el sistema de partidos o electoral. No nos lamentemos después de nuestra crisis, pues es evidente que la dispersión actual de los parlamentarios son síntomas que por si mismos no pueden –ni tienen incentivos- para superarla. El primero que apueste al cambio, será el que verdad logre disciplina permanente y el líder que el país espera. La disciplina se transformará entonces en adhesión intelectual. Ese el verdadero cambio de actitud.
Sebastián Iglesias Ramírez
Abogado UC
