miércoles, 5 de noviembre de 2008

Elecciones en Chile: a miles de kilometros de Obama


En EEUU ocurrió un hecho histórico, un líder -que vivía en el borde de la clase política de Norteamérica- obtuvo un triunfo electoral espectacular que lo convertirá en el próximo Presidente. Miles de hojas se han escrito celebrando el triunfo de Barack Obama y varias columnas políticas se hacen cargo además de la retórica de la esperanza y del cambio que sacudió al mundo. Quizás uno de los datos que más llaman la atención fue constatar que votaron 7 millones más de personas –principalmente jóvenes- movilizados por el espíritu que infundía el liderazgo de Obama: sin duda algo removió sus corazones y los llevo a las urnas. Al parecer en su sufragio depositaron la idea del país que creían posible: multicultural, multirracial, inclusivo, sobre todo justo. Manifestaban su esperanza en la democracia a través del sufragio, motivados por un movimiento de esperanza.

Al otro lado del planeta, en Chile, acabamos de realizar una elección municipal lejana de este fenómeno. En este proceso electoral, 7 de cada 10 jóvenes en edad de sufragar no participaron en está elección y 5 millones de personas sencillamente no manifestaron su voluntad a través del voto. Como referencia, en el plebiscito de 1989 votaron 7.435.913 personas de una población total país de alrededor de 12 millones de habitantes, en las elecciones del 26 de octubre del 2008 sólo 8.110.265 en un país de casi 17 millones de habitantes. En 1989 el 36% de los electores tenía menos de 30 años, en el proceso electoral del 2008 tan sólo el 8%. En el 2008 hay 2, 7 millones de personas menores de 30 años en edad de votar, pero sólo se encuentran inscritas en los registros electorales 700 mil.

Cerca de un cuarto de la población simplemente no opto o no pudo optar por el que creía el mejor gobierno para su comuna. Sencillamente el sistema electoral los olvido. Un alto porcentaje de ellos ni siquiera tenía el derecho a elegir, pues absurdamente se les exigía primero estar inscrito en un arcaico registro electoral para tener la posibilidad de manifestar su opción a través del voto. Probablemente muchos de ellos ni siquiera supieron que el plazo para inscribirse vencía tres meses antes de la elección y que los horarios de atención complicaban aún más el registro electoral[1]. Incluso, si alguno de ellos – con mucha cultura cívica, pero sin ninguna cercanía al mundo político - tomaba la decisión de inscribirse, en ningún caso lo habría hecho motivado por un líder –que al estilo Obama lo llevará a las urnas- pues recién dos días después de vencido el plazo para la incoporación al registro, recien se inscribirían los candidatos a Alcalde y Concejales y tendría la oportunidad de conocer a los postulantes de su comuna. Es decir, si no se había inscrito y aparecía un candidato motivante, ya no podía inscribirse para votar. Para complicar más las cosas podemos agregar que las campañas se iniciarían sólo dos meses después y su única posibilidad de conocer –eventualmente- las posturas de los candidatos nacería después de prescrito su derecho a inscribirse en el registro electoral (2 meses despúes).
En definitiva, la decisión de inscribirse en los registros electorales es un proceso engorroso y arcaico; y lleva al paroxismo la disociación entre los candidatos existentes y los potenciales nuevos electores. Resultado: cada día menos jóvenes se inscriben y cada día a los candidatos, y a la política, le interesan menos las personas que están fuera de los padrones electorales. Ergo, con el actual sistema de inscripción en los registros, lo más probable es que un Obama en Chile estaría imposibilitado de convocar a nuevos electores y los interesados en votar por él, no inscritos tres meses antes, tendrían que haberse quedado en sus casas viendo probablemente un resultado distinto a sus expectativas.

A miles de Kilometros de norteamérica , y después del duro resultado que sufrió la Concertación y el PDC, nos hemos llenado de analistas electorales. Las explicaciones se mueven entre la aritmética y la mala selección de candidatos. Han surgido voces desesperadas avivando el debate sobre exclusión del PC y posibles pactos electorales para ganar la próxima elección. Tengo la convicción que es un camino errado. Como referencia, el Pacto Juntos Podemos saco 396.388 votos, que representan el 6,36% de la votación, los no inscritos son más de dos millones de personas es decir cerca del 25% de la votación total. Un sencillo análisis nos dirá que votos son más cercanos a nuestro ideario.

Muy pocos han sido capaces de ver la triste verdad: en está elección no hay ganadores. El año 2008, proporcionalmente, voto menos gente que el año 1989 (respecto a la población mayor de 18 años) y con un pequeño análisis nos daremos cuenta que todos bajaron su votación o representatividad real electoral, es decir un menor porcentaje de la población total de país los elige. Salvo honrosas excepciones –entre ellas Peñalolén, comuna en que creció el padrón electoral- en todo Chile aumento el número de personas que estuvieron excluidas-ajenas-desinteresadas de está elección.

Muchos menos han querido ponerle el cascabel al gato: el problema no está exclusivamente dentro de los actores del sistema político, sino especialmente en aquellos que se marginan de él. El verdadero debate debe ser nuestra capacidad de incorporarlos y seducirlos para los procesos electorales venideros. Hasta ahora nadie de la clase política ha sido capaz de liderar el cambio de la ley electoral y en estos 20 años han dejado morir ignominiosamente –y a veces con cierta complicidad- cualquier reforma al arcaico sistema. Para algunos parece ser más simple buscar pactos por acción u omisión que salir a convencer a nueva gente. Lo que ocurrió ayer nos enseña que se puede hacer de una manera distinta, recuperando la confianza de las personas en la política y en su país.

A estas alturas si el voto es obligatorio o voluntario es una discusión accesoria. DEBE HABER INSCRIPCION AUTOMATICA AHORA o seguiremos haciendo política de espalda a las personas. La verdadera renovación –o posibilidad de pensar en una renovación en el PDC- sólo será efectiva, pero momentánea, cuando seamos capaces de tener un padrón del partido legítimo, y renovar liderazgos; pero hay que evitar el riesgo de que la discusión de candidatos o mesas de consenso sea sólo el espejismo del país real: La Nueva DC sólo surgirá cuando seamos capaces de convocar a aquellos que están fuera del sistema electoral a decidir sobre Chile y su futuro a través de las elecciones y la participación ciudadana. Sólo es posible la renovación demócrata cristiana con aquellos que asuman este compromiso y sean capaces de ampliar la cancha y cambiar las reglas del juego. Esa es la lección de Obama, el surgimiento de nuevos actores en la política nuevos electores en la ciudadanía. Ese es el liderazgo que debemos ofrecer desde la DC.

Es un deber ético y político renacer desde nuestras ideas e identidades, desde nuevos liderazgos y estilos, desde nuestra capacidad de reencantar a Chile y su gente con la política y el ethos socialcristiano; y no a través del simple ejercicio electoral. Esa es la verdadera renovación en la que nos sentimos llamados a participar.

La revolución moral será entonces invitarlos a soñar en una nueva Democracia Cristiana constructora del futuro y en un Chile en que todo es posible.

Sebastián Iglesias R.


[1] Las Juntas Inscriptoras atienden los días hábiles del mes, de lunes a viernes, de 9 a 13 hrs. y de 15 a 19 hrs., y los sábados, de 10 a 14 hrs.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Somos ante la sociedad en general, la reserva valorica del escenario multipartidista, se nos reclama el comportarnos a la altura del contexto, de la sociedad actual…..como les cuesta entender esto a algunos, eso separa el fin noble de nuestra doctrina, de la forma y modelo actual de manifestarla. ¡Que lección lo de EEUU!
Como tu bien lo dejas ver, este es el momento de reescribir nuestra identidad, reencantarla con nueva tinta,…fresca.....

“La Revolución será personal o no será, a su vez será comunitaria o no será”.
Mounier

Un abrazo fraterno
Mauro

Ramon Mallea Araus dijo...

Sebastián,

Comparto profundamente tus argumentos, pero más allá de la típica retorica orientada a hablar sobre el cambio y los desafíos de la democracia Cristiana, lo único que nos queda a los militantes comprometidos con aquel cambio que requerimos, y que incluye volver a las bases, a las juntas de vecinos y todo aquello que debatimos tan recurrentemente, es actuar coherentemente con nuestra visión, ser capaces de demostrar con nuestro actuar permanente que podemos hacer el cambio desde las bases y así incentivar a nuestros camaradas y a quienes creen en nuestro proyecto. Sinceramente creo que esperar el cambio desde las cúpulas es algo que podremos esperar un siglo más y tal vez nunca ocurra, el cambio viene desde las bases, la “Revolución en Libertad” en la que creemos la podemos realizar, el nuevo movimiento popular debe estar orientado a dirigirnos directamente a los nuestros en todos los rincones del país.
Ese puede ser un medio para el cambio. Un abrazo fraterno.