Con un grado de obsesión se ha sostenido que la única opción para el resurgimiento de la Democracia Cristiana es la renovación generacional. Sin duda los cercanos triunfos de Orrego y Undurraga en dos comunas populares de Chile, cruzados con el lejano pero impactante triunfo de Obama en Estados Unidos, han sido el agüero para un Partido que suma más derrotas que triunfos en los últimos diez años.El problema de los cambios sostenidos a partir de la sola mutación etaria, es que duran solo lo que una cara nueva puede aparecer como tal. Efectivamente existen experiencias internacionales de renovación exitosas, como la del Partido Laborista Inglés o la Democracia Cristiana Holandesa, pero todas ellas han tenido como correlato una consolidación o doctrinaria y/o programática de dichos Partidos. Nadie pensaría que el Partido Laborista, otrora de definición marxista, hubiera alcanzado el poder sin una redefinición de sus contenidos.
En muchos casos, los Partidos o cambian sus contenidos o están destinados a morir. Es el caso de las doctrinas y programas que han demostrado su fracaso histórico. Los socialismos reales, en la misma trayectoria que el marxismo, demostraron durante el siglo XX que no eran la solución a los problemas sociales; con su fracaso dejaron un extenso halo de sangre, pobreza y violación de los derechos humanos más básicos en los países de la órbita soviética y algunos países asiáticos y latinoamericanos.
Las experiencias liberales puras tampoco han corrido mejor suerte. Desde el Laisse Faire, hasta nuestros tiempos, una y otra vez la necesidad de un Estado fuerte y una regulación vigorosa han golpeado de frente a sus opositores. Al igual que el crudo mercado, la realidad es más fuerte que la teoría.
Es probable que el haber adherido a principios y fines, no así métodos económicos concretos para el desarrollo social, hayan hecho que el pensamiento que tuvo su mayor impulso en la Doctrina Social de la Iglesia, tenga aun plena vigencia. Efectivamente, el pensamiento socialcristiano no ha vivido ninguna de estas crisis.
Salvo propuestas de rasgos corporativistas y una que otra propuesta económica concreta descontinuada, el pensamiento socialcristiano matiene su vigor. Así, está basado en la libertad pero con claros límites en la dignidad humana; no vive grandes traumas con la existencia de un mercado en la medida que éste se oriente al mayor bienestar social; es un pensamiento convencido de la necesidad de un Estado que se haga cargo de garantizar las prestaciones sociales esenciales para el desarrollo de la persona; se sustenta en que la ética es más poderosa que los hechos y que el fin no justifica los medios; una doctrina que cree en la supremacía de la vida humana y de la promoción de la familia estable como primera comunidad y pilar de la sociedad.
La Democracia Cristiana no puede basarse en liderazgos personales sino en ideas. Así, su renovación no solo exige una nueva generación que la conduzca sino una recuperación de su razón de ser, del llamado "sentido histórico". De otro modo, el proceso de renovación pasará a ser un nuevo proyecto personal (o de "personalidades"), ahora de una generación tan solo con menos edad.
La nueva generación que aspira a conducir el Partido no solo debe tener entusiasmo y un estilo que la ciudadanía valora. Las caras nuevas duran tanto como el tiempo que se requiere para dejar de serlo.
La fortaleza de la Democracia Cristiana estará tanto en su capacidad de recurrir a nuevos liderazgos en tiempos difíciles, como en la capacidad de rescatar su legado cristiano histórico y traducirlo en propuestas del país del futuro. Quien quiera renovar nuestro viejo Partido no solo debe transmitir una nueva imagen, sino traducir los aires nuevos en conductas y propuestas consistentes, coherentes y cargadas de sentido para el futuro de Chile.
Cristóbal Acevedo
1 comentario:
Buena reflexión, debe existir esa sincronía entre las palabras y los hechos. Algunos ven en este momento su "oportunidad", pero sabemos que la ambigüedad y el simplismo de ver en el contexto actual solo el fin práctico, personal y no el verdadero sentido de la palabra "renovación" es una estrategia esperable, pero escasa de credibilidad producto de quienes la representan y alegan a los cuatro vientos.
Es el momento de afinar los sentidos y concentrar nuestra atención en aquello que tú bien señalas y esto es en aquellos liderazgos en nuestro partido que reflejan en su testimonio nuestras aspiraciones y valores, nuestro proyecto, aquellos representantes del humanismo cristiano….verdaderos hermanos en la actividad política…..eso solo se puede demostrar con hechos.
Mauro
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