miércoles, 29 de octubre de 2008

Soledad Alvear: El comienzo de una Nueva Etapa


Lejos de lo que se puede pensar, el paso dado ayer por la Presidenta del Partido Demócrata Cristiano Soledad Alvear, no es el fin de una etapa marcada principalmente por la expulsión de Adolfo Zaldivar y la lenta extinción de su candidatura presidencial (hostigada permanentemente desde la trinchera freista). Lo que sucedió ayer fue más bien el inicio de una etapa, de una oportunidad única que sin los tres años de conducción de Soledad Alvear serían difíciles de proyectar.

En primer lugar, la Democracia Cristiana sufrió una contundente caída en la elección municipal, de eso no cabe duda. Junto con perder más de 5% en la medición de concejales, lo más desastrosos es la pérdida de 41 municipios; nuestra vocación es gobernar y a partir de este año gobernaremos en un 40% menos de los gobiernos locales en relación a la actualidad.

¿Qué explica esto? bueno, varias cosas. Primero lo político: Se subvaloró el poder territorial del PRI, y sobre todo, se toleró una división en dos listas de la Concertación que no tuvo mayores consecuencias políticas para los responsables (por el contrario cosecharon algunos triunfos). Esto debió haberse impedido a toda costa, aun a riesgo de la permanencia de la DC en el Gobierno y en el conglomerado. No fuimos suficientemente duros y claros teniendo al frente a un par de Partidos decididos a ganar a costa de nuestro perjuicio. Del pacto por omisión con los Comunistas, solo decir que estuvo (y estará) pensado para beneficio de toda la Concertación, menos, de la DC.

Pero nuestro fracaso no solo se explica por la táctica política. Efectivamente se tomaron malas decisiones y no se eligieron necesariamente a los mejores como candidatos, hubo sesgo y obsesión por pasar cuentas y ningunear la capacidad de otros actores. En algunos casos, derechamente los operadores de siempre (que en la DC abundan más que los líderes), se privilegió la trenza pequeña por sobre el gran peinado que debió haber coronado la gestión de tres años de Soledad. Hay que decir también, y me parece una de las explicaciones más coherentes, que en buena parte de los municipios perdidos no teníamos necesariamente a lo mejor de lo nuestro a lo largo de Chile. El caso de Quilicura es un buen ejemplo de aquello (no así Valparaíso).

La renuncia de Soledad Alvear no es sino una demostración de su altura moral. Con su salida ella no solo carga con algunos errores de su gestión en un contexto de un tremendo aporte al Partido, sino también con el fracaso de toda una generación dedicada a repartirse el poder entre pocos y dedicada más a la construcción de un montaje partidario más que una plataforma de ideas y personas al servicio del bien común.

Aunque parezca contradictorio, sin la gestión de Soledad Alvear no podríamos pensar en lo que viene. No podríamos pensar en una futura fraternidad partidaria si no se hubieran desvinculado a Adolfo Zaldivar y sus boys, no hubiéramos tenido un intento serio de actualizar nuestro pensamiento, ni tendríamos el capital político y la credibilidad que Soledad le transfirió al Partido a lo largo de estos tres años. Cuando Soledad asumió la presidencia del Partido contaba con más de un 30% de apoyo en las encuestas, perfilaba como la político con mayor futuro de Chile y había recientemente ganado con un 60% de los votos la senaduría de la Región Metropolitana oriente; Soledad Alvear le inyectó toda su credibilidad ciudadana y proyección política al Partido, y el Partido no fue capaz de darle la plataforma política (quizá porque ya carece de ella) para encumbrarla a la Presidencia de la República, y con ella hacer realidad nuestro programa socialcristiano en la conducción del país.

Una última reflexión acerca de lo que se viene. La renovación que requiere el Partido no es de edad es de estilos (de hecho hay muchos jóvenes que actúan peor que viejos caudillos). El capital que necesitamos que se le inyecte a la DC no es solamente de personas que hayan ganados por muchos votos (Soledad los tenía), sino de credibilidad, ideas y renovación. El gran aporte que las nuevas generaciones le pueden hacer a la DC no es individual sino colectivo; debemos apostar no a un padrón de militantes más grande sino real, comprometido y con los mejores trabajadores, dirigentes, profesionales, estudiantes y líderes del país. Hay que extirpar del Partido las viejas prácticas marcadas por operadores y lotes.

Las nuevas generaciones no debieran apuntar tanto a renovar nuestros principios, sino a que se vivan auténticamente los milenarios principios cristianos que nos inspiran. Por último, las nuevas generaciones no solo deben pelear nuevos espacios dentro del Partido sino también abrir espacios a sangre nueva (dentro y fuera de la política) que oxigene y revitalice nuestras deterioradas arterias político-partidarias.

Cristóbal Acevedo

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cristobal:
Realmente me siento identificado personalmente con lo expuesto, algunos presumimos siempre desde nuestra humilde posición el resultado consumado de la opción de Soledad, fuimos críticos del ambiente que la rodeaba en el partido, lo conversamos, se que lo recuerdas. Como la crónica de una muerte anunciada y conociendo la situación de nuestro querido partido, además de las maquiavélicas prácticas de sectores de uno y otro lado, no había más que esperar a que sucediera lo inevitable.
Es triste lo sucedido, personalmente tome mi opción de no seguir apoyando a Soledad, justamente por que independientemente del enorme cariño y respeto que le tengo, no tuvo la suficiente claridad para armar un equipo alrededor de ella con experiencia, desprendido de intereses mezquinos y de prácticas oscuras, palaciegas. Nuestro partido sigue desperdiciando su mejor capital por el predominio de intereses desenfocados de nuestro ideario, alrededor de Freí no se ve algo distinto.
Apuesto personalmente por la renovación generacional, hay que asumir la responsabilidad, creo que el mensaje del pasado Domingo fue bastante claro.
Mauro