martes, 30 de noviembre de 2010

Incendio en La Bandera

Restos de la Capilla "Nuestra Señora de las Américas"
Hace cerca de cinco años, un grupo de jóvenes profesionales comenzamos una relación humana, social y espiritual que nos marcaría a fuego para siempre. Impulsados por el Párroco de La Bandera, Padre Pablo Palma y el Vicario Pablo Fuenzalida, nos fuimos con camas y petacas a compartir con la comunidad católica de la población, e intentar prestar un servicio a la comunidad.


"La Capilla atendía todos los días a más de 70 personas que viven en la calle, muchos de ellos con problemas familiares, de drogas o de alcohol, brindándoles un lugar digno para almorzar, ducharse, tener ropa limpia y, desde hace un tiempo, para comer y dormir"

Así, en la emblemática casa de calle Augusto D´Halmar, comenzó para nosotros una historia comunitaria que nos unió para siempre con la población y, particularmente, con la comunidad pastoral. Hoy en día, y después de cinco años de dar inicio a este proyecto, grupos de jóvenes profesionales y universitarios cada año siguen uniéndose a este proyecto, y que nos ha ido dejando una huella imborrable en el corazón, tanto para los que son parte del proyecto como para la comunidad de La Bandera.

A pocas cuadras de nuestra casa, está la Capilla "Nuestra Señora de Las Américas", emblemático centro de formación de comunidades religiosas y refugio para muchos en los tiempos más amargos de nuestra Patria. Esta Capilla nació junto con la población misma, durante las proyectos de autoconstrucción habitacional, hace ya más de 40 años, siendo desde el inicio un punto de referencia para toda la comunidad de La Bandera.


Centro de Acopio de ropa y comida del Comedor Padre Pío, calcinado por el incendio
"se perdió no solo una hermosa capilla y centro de encuentro comunitario, sino que se vino abajo el proyecto social más importante con que contaba la población La Bandera."

En esta capilla, hace 7 años el Padre Pablo Palma dio vida al Comedor Padre Pío, que hasta el domingo, atendía todos los días a más de 70 personas que viven en la calle, muchos de ellos con problemas familiares, de drogas o de alcohol, brindándoles un lugar digno para almorzar, ducharse, tener ropa limpia y, desde hace un tiempo, para comer y dormir gracias a la construcción de una hospedería. Todo esto hasta la madrugada del Domingo 28 de Noviembre recién pasado, cuando un incendio destruyó la capilla por completo, así como la casa de los cuidadores y sus dos hijos, y las dependencias que permitían el funcionamiento del Comedor Padre Pío, quemándose los lugares en que se guardaba la ropa, almacenaba y refrigeraba la comida, y quedando inutilizable la cocina, los dormitorios y las camas.

Así, en tan solo unos minutos se perdió no solo una hermosa capilla y centro de encuentro comunitario, sino que se vino abajo el proyecto social más importante con que contaba la población La Bandera. Sin embargo, también ha sido gratificante saber que  los vecinos de la población han acudido en masa a llevar ayuda, y que ha florecido con más fuerza que nunca la fe en la adversidad. Los vecinos se han reunido a rezar afuera de la capilla, sobre las cenizas, como si en realidad el fuego no hubiera desaparecido, sino que se hubiese expandido hacia los espíritus y los corazones.

La labor social que realiza la Iglesia Católica en La Bandera es tremendamente importante, y este incendio ha sido golpe duro para una comunidad que poco a poco ha ido cimentando una labor de dignificación humana, de servicio a los más pobres y de fuente de alegría, fe y esperanza en medio de condiciones de vida difíciles. En particular, el comedor Padre Pío, ha sido una labor comunitaria en favor de los más pobres de entre los pobres y cuyo funcionamiento se debe al trabajo comunitario de los mismos vecinos de La Bandera.

Quienes nos sentimos hijos adoptivos de esta maravillosa comunidad cristiana, y muchísimo más quienes han pasado parte importante de sus vidas en torno a esta capilla, sentimos el ardor de esta pérdida que nos ha causado el fuego, pero alguna vez nos dijo el Padre Hurtado que "Un fuego enciende otros fuegos". Por eso hemos querido aprovechar este medio para encender el fuego de la generosidad de todos aquellos que puedan ayudar para volver a levantar esta gran obra al servicio de los más pobres, los predilectos de Cristo.

Equipo ChileComunidad 
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PARROQUIA JESÚS SEÑOR DE LA VIDA



miércoles, 24 de noviembre de 2010

Discurso Cristián Precht. Agradecimiento Premio "Héroe de la Paz", Universidad Alberto Hurtado



1. Gratitud y conmoción espiritual

Sean mis primeras palabras para agradecer al Jurado, formado por distinguidas personalidades y presidido por el P. Fernando Montes Matte, Rector de la Universidad Alberto Hurtado, por haberme elegido para el premio “Héroe de la Paz” del año 2010. Y por cierto, para agradecer al Señor de quien proceden todos los dones con que peregrinamos en esta vida.

Confieso que recibo esta significativa distinción con profunda gratitud y no poca conmoción espiritual por estar ligado a la memoria de San Alberto Hurtado, lo que por sí solo me conmueve, y por haber sido conferida anteriormente a personas por quienes siento profunda admiración como Don Patricio Aylwin, Don Fernando Rozas, Don José Zalaquett y el Padre Mariano Puga, amigos cercanos que han marcado rumbo en el país y en mi propia vida.

Sin embargo, me he atrevido a acoger este regalo pensando que en mi persona se está reconociendo la generosa donación de muchos, de muchísimos, que están tras los trabajos en favor de los Derechos Humanos, de la Animación Juvenil, de la Misión por la Vida y la Reconciliación, así como de los momentos significativos de la vida eclesial en que el Señor Dios ha querido que yo tenga cierto protagonismo. Todos los que, alguna vez, han tenido la responsabilidad de organizar o de encabezar eventos y procesos, saben bien que uno es el que aparece y muchos son los que crean, acompañan y sostienen dichos acontecimientos. Por eso siento que, en mi persona, es la Iglesia de Santiago la que es reconocida como “heroína de la paz” y en mí, a un simple servidor.

2. La memoria agradecida

Estar junto a Uds. me da la oportunidad de agradecer a mis maestros en la fe y en el ministerio sacerdotal simbolizados en la persona del Cardenal Raúl Silva y de sus sucesores, en Don Fernando Ariztía, de quien recibí ejemplo y la Ordenación sacerdotal, así como Don Enrique Alvear, varón sencillo, transparente y entregado… por nombrar sólo a algunos. Agradezco también a laicas y laicos cristianos, como Javier Luís Egaña, María Luisa Sepúlveda, Alejandro González, con sus respectivos cónyuges, así como otros con quienes no comulgábamos en la misma fe, pero compartíamos la misma lealtad con la causa encomendada, como José Manuel Parada y mi gran amiga Ana González de Recabarren.

Larga sería la letanía agradecida, si agregamos los nombres de Mons. Francisco José Cox, Alberto Etchegaray e Ignacio Rodríguez, con sus respectivas esposas, organizadores del viaje papal que trajo a Chile un aire fresco de reencuentro y reconciliación. O bien, de Juan Enrique Guarachi y el P. Rodrigo Tupper quienes creyeron en un proyecto esperanzado para el futuro de los jóvenes durante transición a la democracia, o de Rafael Silva y los diáconos Enrique Palet y Juan Carlos Gatica con quienes hoy compartimos responsabilidades de esta Iglesia post Aparecida – la V Conferencia Plenaria del Episcopado Latinoamericano - que quiere ser permanentemente servidora y misionera, refrescando su encuentro con el Señor Jesús y su dedicación a los hermanos y hermanas que sufren nuevas y antiguas pobrezas, como son los jóvenes y las jóvenes en situación de vulnerabilidad, las personas privadas de libertad – cualquiera sea la causa de ese encierro – los migrantes y los que han padecido los estragos del terremoto…

Sé muy bien el riesgo que hay en dar nombres y que me faltan decenas de rostros, muchos de los cuales reconozco en esta asamblea, comenzando por quienes son y han sido mis amigos, mis amigas, así como las secretarias de muchos desvelos. Pero, sucede que, sin rostros y sin nombres, las historias pierden su relieve y sólo destacan algunos mientras que la vida se hace tal fluyendo por muchas venas, hablando por muchas miradas y entregándose por muchas manos.

3. El futuro de Chile

Junto con agradecer, pido licencia a esta asamblea para compartir un pensamiento que ronda incesantemente por mi corazón. Se trata del futuro de Chile en estos inicios del tricentenario, que será infecundo e incompleto si no damos pasos audaces, generosos y hasta heroicos para forjarlo unidos.

El lugar de los más pobres

De pobrezas e indigencia muchos hablamos y todos quisieran que se superen las distancias inauditas e intolerables que dividen no sólo la sociedad sino hasta la geografía de nuestra ciudad. En hacer de “Chile una Mesa para todos”, como reza el lema de la Iglesia, cada uno tenemos responsabilidades de distinto tipo. ¡Para qué decir, la Iglesia de todos, la sociedad civil y los poderes del Estado!

No es el momento para referirme a la urgencia de esta misión pero sí es una oportunidad para proponer gestos de comunión y acercamiento que rompan los ghettos en que, por lo menos, Santiago se divide. El voluntariado multiforme, los trabajos juveniles, los proyectos solidarios son de gran ayuda, pero se requiere del contacto físico de unos y de otros para romper las caricaturas y mirarnos a los ojos. ¡Por Dios que nos hizo bien mirarnos cara a cara con los treinta y tres mineros de Atacama!

Los jóvenes vulnerables

Y si de miradas se trata, hay que hacer el mismo gesto con los jóvenes más vulnerables, antes que sus vidas tomen rumbos indeseados e indeseables. Son jóvenes. Y en el corazón de un joven siempre hay amores, siempre hay futuro, siempre hay vitalidad. Por esa razón, antes que reprimir los excesos hay que multiplicar las oportunidades, los encuentros, las conversaciones, respetando su interlocución y haciéndolos protagonistas de su futuro.

Es obvio que hay que ser severos, muy severos y eficientes, para reprimir a quienes lucran con sus vidas o los van introduciendo en callejones sin salida. Pero, también es obvio, este no es un problema que sólo se arregla reprimiendo ni sólo condenando. Hay que abrirles puertas para el futuro del país.

Los encarcelados

En nuestra cultura local, la represión lleva casi exclusivamente a la privación de libertad introduciendo a muchos primerizos a la mejor escuela del delito. Y la privación de libertad va unida a otras penas, no establecidas en las leyes – lo suele decir Mons. Errázuriz, mi actual Pastor - como son las condiciones inhumanas de vida, el hacinamiento, un ocio perverso e inoficioso, que aumenta gravemente la pena sentenciada. Y en esto, hay que ser claros, el Estado de Chile – no su Gobierno – el Estado de Chile viola explícitamente y desde hace años los derechos humanos de los cuales son detentores esos ciudadanos. Están encarcelados pero conservan su dignidad humana y es tarea de todos que ésta sea respetada.

Tanto en esta materia como en la situación de los pueblos originarios nuestra democracia tiene antiguas deudas sin saldar que claman por una atención prioritaria para que “cada hombre, cada mujer, tenga derecho a ser persona” como proclamamos en el Año de los Derechos Humanos de 1978. Y en cuanto a los detenidos, establecer un sistema judicial, como existe en algunos países, que se encarga de seguir el rumbo de las penas, el cumplimiento de los derechos, los posibles indultos y los beneficios carcelarios, para que estos no dependan sólo del poder político, como acertadamente ha propuesto la Sra. Clara Szcaranski.

3. Construir en la justicia, la verdad y el perdón

En fin, una palabra final que proviene de una inspiración mucho más alta que la nuestra, la del Señor Jesús: se trata de la gracia y la experiencia del perdón para construir relaciones humanas sanas y plenas entre los habitantes de un mismo pueblo y de una misma familia.

Todos sabemos que los pilares de la convivencia y de la paz están en el respeto, el amor, la justicia, la verdad. Y sabemos que más que palabras éstos son imperativos demandados y demandantes: siempre se puede respetar más y crecer en la justicia, el derecho, la verdad. Sobre todo, siempre puede hacerse con más amor, con clemencia, con misericordia, con perdón. Y este terreno es donde la humanidad resiente su mayor limitación. De hecho, la historia personal, familiar y social muchas veces carecen del cimiento del perdón. Sobre todo, cuando se trata de la convivencia social o la relación entre los pueblos que, salvo excepciones destacables, suelen llegar a los tratados de paz después de largos enfrentamientos.

Una vez escuché al Papa Juan Pablo II hablar sobre la originalidad cristiana de construir la historia sobre la base al evangelio del perdón. Me interesó mucho su argumento pues lo común ha sido tratar de construir la historia procurando derrotar o destruir al enemigo. Ahí están las guerras, la violencia, el terrorismo, en que siempre hay víctimas, nunca triunfadores. Ahí están los muros que procuran aislar al adversario como los que actualmente se levantan en USA y en el territorio palestino. Otras veces se recurre a la venganza y la retaliación – tú me matas uno, yo te mato a diez-, multiplicando el mal causado. En fin, no es raro tratar de construir la historia evitando el contacto, ignorándonos o dejando de hablarnos, no sea que mirándonos a la cara aprendamos a tolerarnos, a respetarnos y a reconocer la humanidad del adversario…

Los que creemos en Jesús de Nazaret, tenemos otro Maestro y otra Escuela que nunca o rara vez ha sido el pilar fundamental para construir la historia, ni siquiera entre la mayoría de los que profesamos su nombre. Jesús construye la historia de los pueblos sobre la encarnación, la cercanía, la misericordia, la compasión, el perdón. Y lo hace con una gigantesca humildad: no es El quien dirá “yo los perdono” con un tono de suficiencia y arrogancia. El lo pide al Padre que es la fuente de la vida y del amor y entrega su propia vida como aval de lo que pide, excusando incluso a sus agresores: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen”.

Esta es la escuela que humildemente quisiéramos para Chile y para la humanidad, destruyendo los muros visibles e invisibles, purificando el corazón de todo deseo de revancha, animándonos a mirarnos nuevamente a los ojos y descubrir la dignidad intrínseca e inalienable de la persona humana que hay en cada uno, en cada una, más allá de lo que hayamos hecho mal o lo que hayamos malogrado. Es lo que simbólicamente esperaba para este bicentenario, en que pudiéramos enterrar el hacha de la guerra y firmar juntos el pergamino de la paz.

En ese espíritu me hago eco nuevamente de la solicitud de nuestros obispos cuando pidieron justicia con clemencia, recintos formativos para los primerizos, misericordia para los encarcelados que padecen enfermedad terminal, un trato especial para las mujeres que tienen hijos menores que de ellas dependen, la posibilidad de estudiar indultos calificados así como la extensión de los beneficios carcelarios a quienes, sin ser un peligro para la sociedad, cumplen ya largas penas por violaciones a los derechos humanos. ¿Será posible? ¿Será viable? ¡Dios lo quiera, Dios lo quiere!

Los últimos días del bicentenario – sólo 38 días - pueden ser días decisivos para abrir las puertas del corazón, para visitarnos en las cárceles, para mirarnos a los ojos, para “hacer las paces”, para atrevernos a vivir nuestra hermandad. El perdón no deja fuera la verdad: la supone. No deja fuera la justicia: la supera. Y echa mano a lo más divino que hay en cada ser humano: la capacidad de hacer de la vida un don, un per-dón, para lo cual la gracia de Dios estará siempre disponible.

P. Cristián Precht Bañados
Santiago, 23 de noviembre de 2010

* HUBERT HUMPHRY († 13 enero 1978) senador demócrata, muy querido y respetado, al anunciar su cáncer incurable recibió un gran homenaje del Senado y de la Cámara de Representantes en USA… en esa ocasión dijo “tengo suficiente inteligencia para saber que lo que Uds. dicen de mi está exagerado por el afecto y la amistad… pero soy tan humano que me encantaría que eso que dicen fuera verdad".


lunes, 22 de noviembre de 2010

Angela Merkel defiende los valores cristianos: “en Alemania no tenemos mucho Islam, sino poco cristianismo”


En el congreso federal de la CDU, la canciller alemana se reafirma en su política de integración y advierte del fracaso del modelo multiculturalista en su país 


La Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU) celebró el 15 de noviembre  su congreso federal, en el que la canciller Angela Merkel confirmó su liderazgo al verse ratificada en el cargo que ocupa como presidenta de la CDU desde el 2000 con el 90,4% de los votos.

En su intervención en el congreso, celebrado en la ciudad de Karlsruhem y al que asistieron más de un millar de delegados, Merkel subrayó los valores cristianos de su propio partido, que considera son un referente para la sociedad alemana.

“En Alemania no tenemos mucho Islam, sino poco cristianismo”, dijo la canciller alemana; una frase que fue largamente aplaudida por los asistentes al congreso y destacada ese mismo día en el New York Times, y que se ha propagado por la mayoría de medios de comunicación occidentales. “Seamos más abiertos para mostrar que somos cristianos”, añadió.


“Respetar nuestras leyes y valores”

La líder de la CDU dedicó buena parte de su discurso a esa defensa de los valores cristianos y subrayó que la ‘C’ de la CDU es la brújula común, no sólo de los principios éticos, sino también del poder de su acción política. Es esta ‘C’ la que le sostiene a ella como presidenta en sus quehaceres políticos, destacó.

También hizo hincapié repetidamente en que Alemania da la bienvenida de todo corazón a quienes vienen de fuera, aunque se mostró al mismo tiempo contundente respecto a la cuestión migratoria y se reafirmó en su política de integración, que pide respeto para la cultura que los acoge, con un claro mensaje para los inmigrantes.

“Los que aprenden alemán y respetan nuestras leyes y valores, son bienvenidos en Alemania. Los que se niegan, sin embargo, deberán enfrentarse a sanciones”, advirtió.

El fracaso del multiculturalismo

Merkel insistió durante su discurso en la cuestión del multiculturalismo, un modelo que para ella ha fracasado en Alemania. Durante el Congreso, miembros del partido aclaraban a la prensa las palabras de su líder: “los alemanes cometieron el error de no tratar a los inmigrantes como potenciales alemanes”.

De esta manera, “no se les exigía aprender la lengua, ni que se integraran culturalmente”; y así los mismos inmigrantes fueron estableciendo sus propios guetos creándose un debate sobre la capacidad integradora del país y el fracaso del llamado multiculturalismo.

Frente a esta actitud, la CDU considera que obtener la ciudadanía debe ser la culminación del éxito de la integración; y es aquí donde encaja el discurso de Merkel sobre ese multiculturalismo.

Por otra parte, la Prensa alemana ha destacado una mayor agresividad en los ataques que Angela Merkel dirigió a la oposición, así como una mayor efusividad en los ánimos lanzados a los suyos frente a la pujanza del partido de los Verdes, que se presentan como el nuevo gran adversario de los cristianodemócratas para los comicios de Baden-Württemberg.

De hecho, Merkel cerró el congreso de la CDU arropada por su formación y lanzada a una contienda electoral más pendiente de los Verdes que de su tradicional rival, el Partido Socialdemócrata.

Su homólogo de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), Horst Seehofer,  secundó su parecer sobre quién es el enemigo a batir. Seehofe cree que se debe “desenmascarar” a los ecopacifistas, a los que tachó de retrógrados, porque “se oponen a todo progreso”, y de oportunistas, ya que lideran causas, como la antinuclear, que no resolvieron a tiempo cuando eran socios de Gobierno.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Morir sin descansar o descansar sin morir

por Cristóbal Acevedo F.

La Concertación se enfrenta a la natural tensión de todo proceso de cambio, que se debate entre las urgencias del momentos y los desafíos futuros. Para lo primero, las urgencias, es necesario reaccionar rápido, contestar, atacar, sin medir, necesariamente, si lo que se está haciendo tiene relación con un proyecto de futuro.

"Los médicos nos dicen que en el descanso, en el sueño, se consolidan los aprendizajes y las ideas. Quizá descansar, mirar y soñar sea una terapia necesaria para la Concertación, que le permita evitar una muerte sin descanso, pero sobre todo, dar vida a un nuevo y atractivo proyecto político"

Sin embargo, para lo importante, para los desafíos de futuro se requiere mucho más que buenas armas de reacción. Y precisamente la capacidad de proyectarse es la que más dificultad genera en las huestes concertacionistas. Es sintomático que ni siquiera exista claridad respecto a quienes debieran componer el conglomerado; más difícil le resultará, entonces, determinar cuáles son los proyectos que movilizan a la Concertación.

La Concertación parece moverse sin matices entre dos extremos: conservar su legado o cambiar el rumbo. Puesto que la Democracia Cristiana ha sabido debatirse con bastantes menos complejos que sus aliados en el equilibrio que implica el binomio tradición y cambio, debiera tomar el protagonismo no solo para atraer a un voluminoso electorado que se siente ajeno a este proyecto, lo que sin duda se requiere, sino también para liderar la elaboración de una visión programática que proyecte a la Concertación hacia el futuro. Eventualmente, se tendrá también que revisar si ese futuro efectivamente existe.

Es cierto que la Concertación necesita ser una buena oposición al Gobierno, pero eso en ningún caso será suficiente para gravitar políticamente. Si los líderes de la Concertación creen que debates como la discusión presupuestaria permiten una reconexión con la ciudadanía, quiere decir entonces que están bastante lejos de comprender hacia dónde caminar. Los debates altamente técnicos, aunque necesarios, no le dicen prácticamente nada a los ciudadanos, lo que no implica dejarlos de lado, sino darles el lugar político que se merecen; debates como el de la ley de presupuesto en ningún caso constituyen el corazón de una propuesta política, menos si esos recursos finalmente van a ser ejecutados por el Gobierno de la Alianza y no por la oposición.

Por lo visto, la tradicional camada de dirigentes concertacionistas ha optado casi irreflexivamente por no descansar del debate inmediato y de la pelea del minuto. Esto tiene un valor en sí, pero probablemente lleve a una muerte por desgaste, por cansancio. Las nuevas generaciones que han tomado la conducción de los Partidos de la Concertación, y en particular de la Democracia Cristiana, deberán saber poner la pausa, descansar. Los médicos nos dicen que en el descanso, en el sueño, se consolidan los aprendizajes y las ideas. Quizá descansar, mirar y soñar sea una terapia necesaria para la Concertación, que le permita evitar una muerte sin descanso, pero sobre todo, dar vida a un nuevo y atractivo proyecto político.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Humanismo Cívico: Ética y Política

por Enrique Cases

El olvido del humanismo cívico lleva a dos extremos rechazables aparentemente contrapuestos: el moralismo y el relativismo

La relación entre ética y política no parece fácil en la actualidad. Es patente que muchas decisiones políticas prescinden de los criterios éticos y los gobernantes lo dicen con poco pudor. ¿Por qué se da esa situación? Caben dos extremos que conviene separar.

1º) Individualismo ético e interpretación técnica de la política. Con él la moral queda reducida al ámbito privado y la sociedad es guiada por el pragmatismo tecnocrático y permisivo. La razón política es exclusivamente una razón de los medios, mientras la ética se hace trivial y políticamente irrelevante.


2º) Ética comunitaria y disolución del individuo en la sociedad. Las utopías colectivistas ofrecen un ideal omnicomprensivo de la realidad con una carga moral enfatizada y autoproclamada. La persona es un medio para una necesidad histórica. En realidad se disuelve la pretendida moral en un totalitarismo con una visión mecanicista del hombre. La ciencia y la técnica deciden sobre el bien y el mal. La revolución del 68 y siguientes plasman los criterios marxistas de que el cambio económico lleva a cambios sociales y la ética se disuelve.


No basta mezclar un poco de colectivismo con algo de individualismo como suelen hacer los pasteleos postelectorales o intenta la Cuba de Castro. Los derroteros del estatalismo permisivo llevan al desencanto social, generaliza la superficialidad, exonera a los ciudadanos de las incomodidades de la participación social. La libertad se hace narcisista. “haz lo que quieras mientras no entorpezcas el buen funcionamiento” será la conclusión.


La salida del atolladero es la filosofía política que tiene claros los fines, y no sólo los medios. Conviene un conocimiento claro de la justicia y la injusticia, y muchos juicios de valor. El olvido del humanismo cívico lleva a dos extremos rechazables aparentemente contrapuestos: el moralismo y el relativismo.


El moralismo es también un error reduccionista que toma la parte por el todo. La praxis social ha de contar con modulaciones históricas, factores culturales, condiciones psicológicas y culturales. Las decisiones políticas deben tener todo esto en cuenta, sin eso la ética se reduce a moralina que al final acaba en inmoralidad. La ética se hace sospechosa de ideología. Nadie más temible en la ciudad que los puritanos y jacobinos, los cuales –si acceden al poder- hacen rodar cabezas con la tranquilidad que les ofrece su ortodoxia política. Si la coyuntura no les es favorable seguirán el criterio de “cuanto peor, mejor” del moralismo revolucionario. La razón política está escayolada, sólo queda el recinto de la conciencia mientras contempla –no sin cierta satisfacción secreta- como la historia avanza hacia el abismo.

Al relativismo también le escandaliza el espectáculo de las valoraciones cambiantes y contrapuestas, pero opta por el conformismo ante la imposibilidad de llegar a una ética aceptada por todos y acaba por convencerse de que quizá es mejor así. Si el moralismo pretendía no rebajar un ápice la pureza de una verdad pública, el relativismo no elige ninguna, aspira sólo a la conciliación funcional a través del consenso fáctico inmediato y mecánico. Lo mejor será cualquier cosa con tal de que sirva para avanzar un trecho. Decae la calidad ética de la razón pública, pierde sustancia humana, se trivializa, provoca el tedio y la abstención (no sólo electoral). El criterio de ceder pro bono pacis se convierte en lo habitual, la inercia es decadente.

Ambas posturas, que parecen opuestas, coinciden en renunciar a la comprensión ética de la situación social concreta. Resignarse al abandono del modo humanista de pensar es la enfermedad mortal. Es preciso volver al diálogo racional no entendido ideológicamente. La libertad es la clave política de toda filosofía política, y no un pragmatismo que prescinde de la metafísica y de pensar a fondo los temas.

martes, 9 de noviembre de 2010

La bioética personalista y las técnicas de procreación artificial



FUNDAR
Servicio a la Vida
Gacetilla 353/10

PROCREACIÓN ARTIFICIAL: LA BIOÉTICA PERSONALISTA Y LA PROTECCIÓN DEL EMBRIÓN HUMANO

Buenos Aires, 9/11/2010 (SEVI).- Ante el debate en la Cámara de Diputados de la Nación de diversos proyectos de ley de procreación artificial, el Director del Servicio a la Vida, Dr. Nicolás Lafferriere, formuló algunas precisiones sobre la valoración ético-jurídica de las iniciativas a la luz de la bioética personalista y el Magisterio de la Iglesia.

Al respecto, Lafferriere explica que la Iglesia señala para la bioética dos grandes principios: “el valor ético de la ciencia biomédica se mide en referencia tanto al respeto incondicional debido a cada ser humano, en todos los momentos de su existencia, como a la tutela de la especificidad de los actos personales que transmiten la vida” (Dignitas Personae, 10). Este documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe reconoce como antecedente el discurso del Papa Benedicto XVI en enero de 2008. A la luz de estos dos principios se puede realizar la valoración ético-jurídica de las técnicas de procreación artificial, que como tales no pueden ser autorizadas legalmente, según explica Lafferriere:

1) Respeto al derecho a la vida del embrión humano desde el primer momento de su existencia: las técnicas de procreación artificial afectan, en primer lugar, al niño por nacer concebido por un procedimiento técnico que prescinde de la unión sexual entre varón y mujer. La Constitución Nacional, los Tratados Internacionales y el Código Civil son coherentes en reconocer el comienzo de la existencia de la persona en el momento mismo de la concepción. Cualquier legislación en el tema debe reconocer este punto de partida y adoptar las medidas para proteger al concebido, su dignidad y derechos fundamentales. Al respecto, en el documento “Dignitas Personae”, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha dicho: “El embrión humano, por lo tanto, tiene desde el principio la dignidad propia de la persona” (n. 5). Las técnicas de procreación artificial vulneran este primer principio bioético por las siguientes razones:
• por el alto número de embriones concebidos que mueren y que no llegan a nacer.
• por la crioconservación de embriones,
• por la eliminación de embriones para extraerles células y derivar células madre,
• por la utilización de embriones humanos para fines de investigación,
• por la eliminación de los embriones considerados no aptos luego de la realización de un diagnóstico preimplantatorio.

2) Respeto a la originalidad de la transmisión de la vida humana: el Magisterio de la Iglesia Católica es claro en señalar que el legislador no puede autorizar estas técnicas pues la transmisión de la vida humana no puede quedar reducida a meros procedimientos técnicos que no resultan proporcionados con la dignidad de cada vida humana. En efecto, las técnicas disocian procreación y sexualidad, de modo que la transmisión de la vida humana ya no se realiza en su ámbito propio, que es la unión conyugal, sino en el campo de un acto técnico, sometido a mecanismos de control y manipulación. Lafferriere explica, al respecto, que las técnicas no pueden ser autorizadas legalmente por quebrar este principio y particularmente:
• porque toda técnica que disocia la sexualidad de la procreación conlleva una cierta “cosificación” del ser humano, de tal modo que se impone una lógica “productiva” en la transmisión de la vida;
• porque cuando la vida se transmite por procedimientos biotecnológicos, entonces surgen pretensiones como la donación de gametos (fecundación heteróloga) o la maternidad subrogada con la consiguiente disociación de la identidad del niño;
• porque necesariamente se impone una mentalidad eugenésica en la selección de los embriones que serán transferidos, elegidos por ciertas características deseadas por los padres o determinadas por la autoridad sanitaria.

Concluye su análisis el Dr. Lafferriere reafirmando que las nuevas posibilidades abiertas por las biotecnologías aplicadas a la vida humana necesitan encontrar un cauce seguro que garantice que su aplicación no se vuelva en contra de la misma persona. Sólo respetando la inviolabilidad de cada vida humana, la dignidad de la persona y la originalidad de la transmisión de la vida humana será posible que la biotecnología contribuya al bien de la persona, la familia y la sociedad.