He vivido intensamente y con regocijo las elecciones presidenciales en Argentina. Cuando se viven otras experiencias, es inevitable la comparación con las propias, viendo lo bueno y lo malo que resulta de esta comparación.
El sistema político argentino es casi imposible de comprender, más para alguien que ha vivido desde su pubertad en una democracia estable y marcada por los partidos políticos como ha sido la chilena. Estas elecciones argentinas llegan plagadas de sinsentidos institucionales y republicanos, una presidenta que lleva de vicepresidente a un radical, y a su vez otros radicales van con otros partidos de oposición, y los socialistas van de oposición pero también de oficialismo, candidatos que se inscriben como candidatos a presidente y también a senador al mismo tiempo, del partido del presidente Kirchner, el partido justicialista, va Cristina Kirchner y de oposición Rodríguez Saa, también justicialista,...en fin,... la lista de increíbles es eterna.
La política argentina no se explica ni se comprende, sólo se vive. Sin embargo dentro de toda esta maraña, surge con fuerza un fenómeno que en forma incipiente se empieza a ver en Chile, y es la falta de partidos políticos con una ideología y doctrina clara, que ordene a sus militantes y sean capaces de dirigir un país con una mirada sustentada en valores filosóficos mucho más profundos que el día a día del poder.
Cuando los partídos políticos pierden su sustento doctrinario, se pasa de la comunidad de ideas al individualismo ideológico, donde cada persona es un desarrollo a veces profundo, a veces light de ideas y principios rectores de la acción.
De esta forma, el país pierde el horizonte a largo plazo, cada persona que llega al poder llega con su propia revolución ideológica, a la cual algunos se plegan otros por un tiempo, mientras los tiempos sean favorables, pero rápidamente son capaces de desconocer esas ideas y pasarse de bando, formándose eternas luchas de poder donde cada individuo pasa a ser un mesías con ideas que finalmente sacarán adelante el país entero, mesías que van acompañados de un séquito, cada cual con sus propias convicciones, y que finalmente están unidos por algo tan frágil como perecedero.
Recientemente en Chile vemos ex candidatos presidenciales de la UDI disponibles para ministros de la concertación, y peor aún, vemos como se forman partidos políticos cuyo único fin es servir a Chile, pues Chile está primero, lo cual está bien, es tremendamente atractivo para una gran cantidad de personas, es esa la misión de los partidos políticos al final de cuentas, misión bastante olvidada últimamente. Sin embargo son partidos basados en personas, en fines, pero que olvidan una parte tremendamente espiritual y sensible a cada ser humano, como son los medios por los cuales se alcanzarán esos fines, esos medios están contenidos en una hoja de ruta mucho más profunda que las ganas de servir o hacer política, están basados en creencias espirituales, económicas y de concepción del mundo y la persona humana que trascienden a la acción cotidiana y al manejo del poder. Una vez que la acción y los medios ponen a prueba la forma de alcanzar los fines, es cuando se producen las profundas diferencias que tanto mal han hecho a sudamérica en el pasado y ahora.
El último congreso ideológico de la DC, y el próximo del PS, son instancias tremendamente importantes para poder seguir avanzando y profundizando la democracia chilena, dando a largo plazo, estabilidad institucional y política al país.
1 comentario:
Juanjo:
Tan lúcido como notable...
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