viernes, 12 de octubre de 2007

Voto político

Voto Político
Sincerémonos y Cambiemos



Hoy en día muchos ciudadanos nos ven más que como un Partido como un centro de poder, conflictos e intereses personales, donde difícilmente se pueden fraguar ideas y donde no necesariamente prima el espíritu de servicio ni lideran necesariamente los mejores. Pertenecer, entonces, a nuestro Partido no tiene mucho sentido para muchos que nos miran desde fuera.

Un partido político antes que un espacio de influencia debiera ser una comunidad de principios partidarios considerados, por todos los miembros del grupo, como directrices de la propia vida personal y del actuar político.

Militar en la Democracia Cristiana implica no sólo derechos, no sólo la posibilidad de aspirar a ciertos espacios de poder o influencia, sino también deberes y coherencia política. Si bien no hay que avergonzarse de la legítima ambición personal y colectiva, el incremento de las cuotas personales de poder no puede ser la razón central para pertenecer al Partido Demócrata Cristiano.

Si la Democracia Cristiana termina definitivamente dominada por lotes y caudillos que en sus dichos y hechos no reafirman los valores cristianos que nos identifican, no sólo perderemos el sentido de agruparnos en una comunidad de ideas y valores sino también perderemos frente al país credibilidad, capacidad de influir y de convocar.

Hay en la DC una considerable militancia, ajena al Partido y algunas veces abultada en número lo que se presta para malas prácticas electorales. Como corolario de esto, la dirigencia de las distintas estructuras partidarias en buena parte sigue siendo la misma desde hace muchos años, generando estancamiento, falta de dinamismo y escasos incentivos para la participación efectiva de nuevos militantes. Contrapesar con buenas artes dichas prácticas en la competencia electoral interna resulta dificultoso por no decir imposible. Esto hace que algunos grupos cristalicen su preponderancia partidaria con fines bastante alejados del interés del país.

En el actual estado de cosas, resulta imperioso volver a los fundamentos del Partido, que nos ayudarán a restablecer un diálogo fecundo con el país, entregándonos la posibilidad de actualizar el discurso sin renegar de nuestro pensamiento y raíces. Es, en razón de esto, que queremos expresar algunos aspectos centrales de nuestros principios que deben ser promovidos; en segundo término, presentamos a consideración del V Congreso una propuesta de voto político que permite definir una agenda concreta de iniciativas de mejoramiento del funcionamiento interno del partido, así como algunos ejes político-programáticos para el desarrollo del país.

¿Qué significa ser democratacristiano?
No podemos pedir adhesión a valores si no nos definimos. Esta adhesión es colectiva, pero primeramente personal. Por ello quisimos hacer un breve resumen de lo que, fundado en nuestro principios humanistas cristianos, un democratacristiano debiera adherir.

Un demócrata cristiano cree en…

1) La primacía de lo espiritual. Que implica un respeto irrestricto a la dignidad del hombre en todas sus etapas de desarrollo y en la realización personal – material y espiritual- de cada uno de los miembros de la comunidad por sobre el colectivo, sin negar la necesidad del colectivo para la realización personal. La primacía de la persona importa la existencia de valores naturales anteriores a la sociedad, que son fuente de su libertad e igual dignidad, encontrando en la familia, un espacio afectivo trascendental, anterior y superior al Estado, que se perfecciona en el matrimonio –como manifestación de compromiso y entrega mutua- pero que se extiende mucho más allá de éste y es tarea del Estado promover y resguardar.

2) La consecuencia ética y la verdad. Un democratacristiano es consecuente en la vida personal y pública. Es consecuente entre lo que cree y lo que se practica. Los valores impregnan su actuar político. Un democratacristiano dice siempre la verdad y la busca en todas las cosas. Aplica sus principios cristianos en la realidad, buscando consensos sin transar sus principios.

3) La persona y las comunidades por sobre el Estado. El Estado está al servicio de la persona y es subsidiario de la iniciativa privada, lo que importa la promoción de la iniciativa privada y la participación estatal en aspectos relevantes para el país, donde los privados no quieran actuar o lo hagan deficientemente. El Estado no está por sobre el desarrollo de las comunidades sino es consecuencia de dicho desarrollo. Reafirmamos el respeto del Estado con las libertades esenciales de las personas –de expresión, política, de conciencia y en materia económica- como agente del desarrollo nacional.

4) La democracia y la paz social. La democracia es el mejor mecanismo de integración social y política de un país en paz. Garantiza la libertad esencial de las personas y el desarrollo inclusivo de un pueblo. Rechaza la violencia aun cuando esté revestida de objetivos nobles. La democracia chilena, necesita contar con mayores y nuevos espacios de participación acordes a las nuevas realidades y con reformas a su sistema político-institucional que reflejen la voluntad de las mayorías.

5) El servicio público. No limitado a la acción gubernativa. Un democratacristiano apoya las iniciativas sociales y trabaja dentro de las comunidades sociales que más lo identifican. Intenta vivir de la manera más cercana posible la realidad social de sus compatriotas. La vida austera y sencilla es una opción en conciencia, pero es indudablemente un estilo de vida al que nos invita la doctrina social cristiana.

6) La economía es un medio no un fin en sí. Creemos en la primacía del trabajo por sobre el capital y en la dimensión subjetiva del trabajo. La doctrina social cristiana no ofrece un modelo económico concreto, sino que plantea la superación de la pobreza y la generación de oportunidades iguales para todos, como prioridad uno. Evitar la concentración económica, es secundario en relación a estos objetivos. Reducir las brechas en el acceso a las oportunidades de desarrollo personal, mejorar la calidad de la educación, promover la iniciativa económica y generar condiciones de trabajo digno deben ser las metas centrales para el desarrollo del país.

7) El Estado debe conducir el desarrollo. El Estado no se agota en las políticas regulatorias que permiten un funcionamiento transparente del sector productivo. La Democracia Cristiana valora el emprendimiento productivo, fuente del desarrollo nacional, y por tanto a las empresas y a los empresarios. Las políticas de crecimiento y desarrollo deben ser orientadas desde el Estado, el que debe promover la mayor competitividad de la producción nacional, por medio de incrementar la agregación de valor; esto se traduce en una mayor generación de riquezas y por tanto más y mejor empleo, más y mejores oportunidades de emprender. El Estado debe generar condiciones para que la fuerza laboral se capacite. El Estado debe promover la innovación productiva, por medio de la generación de incentivos a la investigación orientada a la competitividad de las empresas.

8) Sin educación no hay progreso. La libertad de educación, en todos sus aspectos, debe tener límites mínimos de calidad y una política de promoción al acceso y permanencia de cada uno de nuestros niños y jóvenes, para cumplir su papel garante de la igualdad de oportunidades.

9) La salud es un derecho que debe garantizarse. Se debe garantizar el acceso de todos los ciudadanos a una atención de salud de calidad, sea esta pública, privada, mixta o concesionada.

10) La protección del medio ambiente. El medio ambiente no puede ser excusa para el desarrollo. Rechazamos el proteccionismo ciego y el ambientalismo profundo que desconocen las posibilidades de integrar desarrollo y preservación. El desarrollo social necesita aprovechar la naturaleza; el Estado debe garantizar el desarrollo sustentable y la existencia de medioambientes que permitan una vida sana.

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