miércoles, 27 de junio de 2007

Encuesta Casen: Un desafío mayor para el Estado


Según la Encuesta CASEN, recientemente publicada, Chile a progresado notablemente en cuanto a los niveles de pobreza absoluta ya que ésta disminuyó en un 5% entre el año 2003 y el 2006; según esta encuesta hoy un 13,7% de chilenos viven en la pobreza y un 3,2% sobre el total de la población del país se encuentra en la indigencia. Así mismo, la Encuesta CASEN señala un progreso considerable en cuanto a la distribución del ingreso que se mide por medio del Índice Gini (que va de 0 a 1 siendo el 0 una igualdad total y el 1 una desigualdad absoluta), donde estaríamos con un 0,54 siendo la cifra más bajo de los gobiernos de la Concertación; esto porque la brecha entre el quintil más rico y el más pobre se ha reducido en un 45% en estos tres años que abarca la medición.


Si bien las cifras muchas veces pueden ser una abstracta reducción de la realidad, queda de manifiesto la importancia de la intervención del Estado tanto para efecto de la superación de la pobreza como en lo que dice relación a la distribución del ingreso; por eso es importante un antecedente adicional que entrega esta encuesta, antes de la intervención de las políticas públicas (sea a través de subsidios directos o prestación de servicios) la diferencia en términos de ingreso relativo entre el quintil más pobre y el más rico es de 13 veces; una vez que el Estado interviene, y por tanto se incorpora la inversión social del Estado en la medición, esta diferencia se acorta casi en un 50%, siendo con este factor 7 veces superior los ingresos del quintil más rico versus el quintil más pobre.


Los resultados de la Encuesta, a mi parecer, debieran llamarnos al menos a dos grandes reflexiones:
La primera es que la intervención del Estado no solo es necesaria sino indispensable tanto para superar la situación de pobreza de las personas, como para acortar la poco recomendable, y como ha señalado la Iglesia Católica, escandalosa diferencia entre los ingresos de los más ricos y los más pobres de nuestro país (generalmente entre los que mandan y los que son mandados). De más esta decir que sin una política pública coherente en el tiempo no podemos cumplir aquello que es nuestra prioridad uno: poner nuestro esfuerzo supremo para que los que están en la pobreza y la miseria, en la precariedad misma, dejen de estarlo. Estos resultados muestran un avance del que deberíamos alegrarnos, pero no pueden convertirse en un bálsamo que desvíe nuestro foco de atención prioritario en circunstancias que la misma encuesta nos dice que aún 2.210.000 chilenos viven en la pobreza, y de ellos 516.000 en la indigencia; sin duda seguimos frente a un desafío mayor.


La segunda reflexión es que la intervención del Estado en buena parte de la población viene a suplir parte importante de los bienes y servicios que adquieren o reciben y a los que otros tanto pueden acceder autónomamente con sus propios ingresos. Así, los servicios de educación, salud, pensiones, subsidios habitacionales y programas de promoción forman parte de la cotidianidad con la que muchos chilenos hacen de su vida una más llevadera. Estamos diciendo entonces que prácticamente un 50% de las actividades que, teniendo un costo económico, realiza una persona dentro de un mes está vinculada al Estado, sea que el Estado actúe subsidiando demanda o prestando algún servicio directo o indirecto. Entonces debemos reflexionar, y aunque suene obvio, cuán importante es la calidad de los servicios que presta el Estado (y no solo la cantidad o nivel de cobertura de los mismos) . El famoso debate entre más o menos Estado es francamente absurdo; nuestro aparato gubernamental es precario y no está a la altura de lo que nos exige un país con nuestras aspiraciones y riquezas, ni menos a la altura de la dignidad de las personas que se juegan su calidad de vida en medio edificios grises y una burocracia infernal. El debate no es más o menos Estado sino cómo tenemos un estado de calidad, eficiente, con funcionarios de primer nivel, con cobertura de excelencia, con una preocupación auténtica por la persona a la que se le presta el servicio, con una inversión significativa en modernización y tecnología, con un tamaño suficiente para sus desafíos.


Nuestro proyecto país debería orientarse a conseguir una definitiva superación de la pobreza poniendo en juego todos los mecanismos públicos y privados que para ello se requiere; pero no basta con ampliar la cobertura de la acción del Estado sino que se requiere también subir el nivel y la calidad de los servicios públicos; en definitiva es una gran cantidad de ciudadanos que buena parte de su calidad de vida, como nos señala la Encuesta CASEN, se juega en lo que el aparato estatal es capaz de brindarle. Los cantos de sirenas de quienes ven en el Estado una amenaza no deben cautivar a quienes aspiramos a un Estado ágil, al servicio prioritario de los interés de los más pobres, moderno y flexible para adaptarse y entender con mayor velocidad los cambios propios de la sociedad del conocimiento y la tecnología. Un Estado con estas características será capaz de comprender e integrar a las personas, al que espera en un consultorio o un paradero, o al que opta por un crédito o recibe su pensión, y en general a todos aquellos que día a día rondan los servicios públicos en busca de aquello que la mezquindad del desarrollo aún no le es capaz de brindar.

Cristóbal Acevedo

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo. La discusión no debe ser más o menos estado, sino MEJOR Estado. Esa es la tarea que debe inspirar a cada uno de los miles de servidores públicos que -con modestia y muchas veces injustamente vilipendiados- se levantan cada día para acudir a sus oficinas. Allí donde estés, da lo mejor de tí para tus hermanos.

Anónimo dijo...

He llegado por casualidad a este blog, está bueno, aunque no se quien lo escribe... a quien sea, felicitaciones...!!! hace falta algo de blogs que hablen de política entre tanto blog que lo único que hace es tirar caca a la clase política.

Anónimo dijo...

Estoy muy de acuerdo con lo expuesto, dado lo complejo y peligroso que son las aspiraciones de algunos de tener "menos estado", y más "libertad y competencia", los énfasis deben ponerse siempre en los contextos, en chile nos falta, lo subjetivo a veces de algunos estudios, en que los datos no son exactos, siempre existen elementos que quedan fuera de estos, lo cual se demuestra en términos de los últimos índices de pobreza y particularmente en el tema del desempleo. Pero sin duda hoy se debe trabajar con mucho más impulso, el lograr más "justicia social" debe ser una aspiración vital de nuestra sociedad. Al país como nunca le va bien, pero no a todos les llega el beneficio de nuestro sostenido desarrollo. Sin lugar a dudas el Estado debe seguir mejorando y cumpliendo su rol de contrapeso, en un contexto en que la gran mayoria prefiere mirar para otro lado frente a la precaria realidad en que vive el 16,9% de nuestra poblacion.