lunes, 18 de junio de 2007

¿Decrece la población mundial?

Cómo abordar una población mundial decreciente


THE ECONOMIST

La población de insectos en una cápsula de Petri aumenta habitualmente en una curva en forma de S. Al principio, la línea es plana porque la colonia apenas está creciendo. Luego, la pendiente sube en forma más escarpada a medida que las bacterias proliferan hasta que llega a un punto de inflexión. Después de eso, la curva se aplana cuando la colonia deja de crecer.

El apiñamiento y la escasez de recursos restringen las poblaciones de insectos.

En tanto, los motivos para el crecimiento de la población humana pueden ser diferentes, pero el patrón puede ser sorprendentemente similar.

Durante miles de años, la cantidad de personas en el mundo fue aumentando lentamente. Luego hubo un incremento repentino durante la revolución industrial, que produjo, entre 1900 y 2000, una casi cuadruplicación de la población mundial.

Las cifras aún siguen subiendo, pero hace poco -es imposible saber exactamente cuándo- al parecer se llegó a un punto de inflexión.

El índice de aumento poblacional empezó a aflojar el paso. En cada vez más países, las mujeres empezaron a tener menos hijos que la cantidad que se necesita para mantener la estabilidad de las poblaciones.

Cuatro de cada nueve personas ya vive en países en los cuales la tasa de fecundidad ha caído bajo la tasa de reemplazo.

El año pasado, Naciones Unidas señaló que pensaba que la fecundidad promedio del mundo bajaría más allá del nivel de reemplazo para 2025.

Los demógrafos esperan que la población global alcance un nivel máximo en torno a los 10 billones (ahora es de 6,5 billones) para mediados de siglo.

A medida que han cambiado las predicciones poblacionales en los últimos años, también lo han hecho las actitudes.

El pánico por las restricciones de recursos que prevaleció en las décadas de 1970 y 1980, cuando la población estaba creciendo por la parte escarpada de la curva en S, ha dado paso a una nueva preocupación: que es probable que la cantidad de personas en el mundo empiece a decrecer.

Los bits de reducción

Algunos consideran esto como un motivo para celebrar, sobre la base de que hay obviamente demasiadas personas en el planeta. ¿Pero demasiadas para qué? No parece existir tanto el peligro de una catástrofe maltusiana. La humanidad se apropia más o menos de una cuarta parte de lo que se conoce como la producción primaria neta de la Tierra (tejido vegetal creado por fotosíntesis); muchísimo, pero difícilmente próximo al punto de agotamiento.

El precio de las materias primas refleja su insuficiencia y, a pesar de las recientes alzas, los precios de los commodities bajaron abruptamente en términos reales durante el siglo pasado.

De acuerdo a esa medida, las materias primas se han vuelto más abundantes, no más escasas. Sin duda, el impacto que las personas tienen sobre el clima es un problema; pero la solución está en consumir menos combustibles fósiles, no en manipular los niveles de población.

Ni tampoco el problema opuesto -esto es, que la población caerá tan rápidamente o hasta tal punto que la civilización se verá amenazada- parece un peligro real. Las proyecciones indican un aplanamiento y posteriormente una leve declinación en el futuro previsible.

Si la población mundial no parece crecer o reducirse a niveles inmanejables, ¿los gobiernos seguramente pueden observar su progreso con ecuanimidad?

No completamente. Hacer un ajuste a la baja presenta problemas, como los que ya están enfrentando tres áreas del mundo: Europa Central y Oriental, de Alemania a Rusia; el norte del Mediterráneo, y partes del este de Asia, lo que incluye Japón y Corea del Sur.

Piense en veintiañeros como una sola fuerza laboral, y con la mejor educación que existe.

En Japón, esa fuerza laboral se reducirá en una quinta parte en la próxima década; una pérdida considerable de conocimiento y especialización.

En el otro extremo del espectro etario, los sistemas de pensiones del Estado enfrentan dificultades ahora, cuando hay cuatro personas en edad laboral por cada jubilada. Para 2030, Japón e Italia tendrán sólo dos por jubilado; para 2050, la proporción será de tres a dos.

Una población que se reduce -que envejece- presenta problemas en otras formas increíbles. El ejército ruso, por ejemplo, ha tenido que estrechar la conscripción porque no hay jóvenes suficientes. En Japón, las áreas rurales han soportado el peso de la declinación poblacional, la que es tan nefasta que incluso una aldea quiere darse por vencida y convertirse en un basurero de desechos industriales.

Los estados no deberían involucrarse en el negocio de hacer que la gente tenga bebés.

Si las mujeres deciden pasar entre los 20 y los 30 años haciendo otras actividades distintas a la crianza de hijos y gastar su dinero en carteras en vez de pañales, es algo que incumbe a ellas. Pero la transición a una población más baja puede ser difícil, y corresponde a los gobiernos moderarla. Afortunadamente, hay numerosas formas para emprender esto, la mayoría de las cuales involucra cambios sociales deseables en sí.

La mejor forma de moderar la transición hacia una población más pequeña sería estimulando a las personas a que trabajen por más tiempo y retirando las barreras que les impiden hacerlo.

Edad para pensionarse

Hay que subir la edad para pensionarse y tiene que desaparecer la edad obligatoria para la jubilación. Esto es malo no sólo para la sociedad, la que tiene que pagar las pensiones de personas perfectamente capaces que han tenido que jubilar, sino también para las empresas, a las que le iría mejor si utilizaran el rendimiento, más bien que la edad, como criterio para emplear personas.

Igualmente se deberían reemplazar las estructuras salariales rígidas en las que el sueldo sube con la antigüedad (como en Japón) por otras más flexibles.

Una mayor inmigración mitigaría la escasez de mano de obra, aunque no detendría el envejecimiento de las sociedades, porque las cantidades que se necesitarían serían enormes.

Las políticas para estimular a las mujeres en los lugares de trabajo, a través de mejores cláusulas para el cuidado de los hijos y la licencia para los padres, también pueden contribuir a rectificar el equilibrio entre trabajadores y jubilados. Algunas de esas medidas podrían tener un interesante efecto secundario.

Estados Unidos y Europa noroccidental ya enfrentaron una declinación demográfica, pero están creciendo de nuevo, y no sólo debido a la inmigración.

Gran parte de los cambios no tuvieron nada que ver con la política poblacional. Se llevaron a cabo para lograr que los mercados laborales fueran más eficientes o para fomentar la igualdad de sexos.

Pero tuvieron el efecto de aumentar la fecundidad.

A medida que las sociedades tradicionales se modernizan, la fecundidad baja.

En las sociedades tradicionales con economías modernas -Japón e Italia, por ejemplo- es donde más cae la fecundidad.

Y, en comparación, en las sociedades que logran que la crianza y el trabajo sean compatibles, las mujeres tienden a hacer ambas cosas.

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