
A veces se nos viene el mundo abajo, nos sentimos cansados y decepcionados de lo que creemos y lo que nos mueve a actuar. Encontré algunas frases de Jacques Maritain sobre la política y los valores que la inspiran a quienes adherimos a una visión socialcristiana del compromiso público; pueden ser una fuente de inspiración en tiempos de flaqueza, una ojeada rápida al alma de la política cristiana...
Sobre quienes critican a quienes creen en valores trascendentes...
“Los moralistas son gentes desdichadas. Cuando insisten en la inmutabilidad de los principios morales se les reprocha el imponernos exigencias insoportables. Y cuando explican la forma de llevar a la práctica dichos principios inmutables, se les acusa de convertir la moral en algo relativo. No obstante, en ambos casos, sólo están defendiendo las aspiraciones de la razón a dirigir la vida humana” (El hombre y el Estado)
Del miedo a entrar en política...
“el temor de mancharse por entrar en el contexto de la historia es un temor farisaico. No es posible tocar la carne del hombre sin ensuciarse los dedos. Ensuciarse los dedos no es ensuciarse el corazón” (Humanismo Integral)
El fin de la política...
“la política, en particular, tiende al bien común del cuerpo social: ésta es su medida. Ese bien común es, como indicábamos hace un instante, un bien principalmente moral; y por ello es incompatible con todo medio intrínsecamente malo” (Humanismo Integral)
Cuando se hace lo impopular...
“prestar atención cuanto hay de más profundo y duradero, más realmente digno y meritorio del hombre, en las aspiraciones y el alma del pueblo. De ese modo, aún concurriendo en el desagrado del pueblo, se puede gobernar en común con él, en el verdadero sentido de la expresión. Y si se trata de un gran gobernante, tal vez convierta ese desagrado en una confianza más honda y renovada” (El hombre y el Estado)
Sobre la vigencia de los valores absolutos...
"no hay derechos a menos que se exija un cierto orden inviolable —aunque puede violarse de hecho— gracias al cual las cosas son en su tipo inteligible o esencia, o por el cual son y están modeladas para la naturaleza del hombre: un orden por virtud del cual se le deben al hombre, que es una existencia dotada de alma espiritual y libre voluntad, algunas cosas determinadas” (El hombre y el Estado)
Sobre la esencia cristiana de la democracia...
“no solamente el estado de espíritu democrático viene de la inspiración evangélica, sino que no puede subsistir sin ella. Para conservar la fe en la marcha hacia delante de la humanidad, a pesar de todas las tentaciones de desesperar del hombre que nos ofrece la historia, y singularmente la historia contemporánea; para tener fe en la dignidad de la persona y de la humanidad común, en los derechos humanos y en la justicia, es decir, en valores esencialmente espirituales; para tener, no en las fórmulas, sino en la realidad, el sentido y el respeto de la dignidad del pueblo, que es una dignidad espiritual y se revela a quien sabe amarla; para sostener y avivar el sentido de la igualdad sin caer en un igualitarismo nivelador; para respetar la autoridad sabiendo que quienes la ejercen no son más que hombres, como lo que ellos gobiernan, y tienen a su cargo por consentimiento o voluntad del pueblo, del que son vicarios o representantes; para creer en la santidad del derecho y de la virtud segura, pero a largo plazo, de la justicia política ante los triunfos escandalosos de la mentira y de la violencia; para tener fe en la libertad y en la fraternidad, hace falta una inspiración heroica y una creencia que fortalezcan y vivifiquen la razón y que nadie más que Jesús de Nazaret ha incitado en el mundo” (Cristianismo y Democracia)
Sobre quienes critican a quienes creen en valores trascendentes...
“Los moralistas son gentes desdichadas. Cuando insisten en la inmutabilidad de los principios morales se les reprocha el imponernos exigencias insoportables. Y cuando explican la forma de llevar a la práctica dichos principios inmutables, se les acusa de convertir la moral en algo relativo. No obstante, en ambos casos, sólo están defendiendo las aspiraciones de la razón a dirigir la vida humana” (El hombre y el Estado)
Del miedo a entrar en política...
“el temor de mancharse por entrar en el contexto de la historia es un temor farisaico. No es posible tocar la carne del hombre sin ensuciarse los dedos. Ensuciarse los dedos no es ensuciarse el corazón” (Humanismo Integral)
El fin de la política...
“la política, en particular, tiende al bien común del cuerpo social: ésta es su medida. Ese bien común es, como indicábamos hace un instante, un bien principalmente moral; y por ello es incompatible con todo medio intrínsecamente malo” (Humanismo Integral)
Cuando se hace lo impopular...
“prestar atención cuanto hay de más profundo y duradero, más realmente digno y meritorio del hombre, en las aspiraciones y el alma del pueblo. De ese modo, aún concurriendo en el desagrado del pueblo, se puede gobernar en común con él, en el verdadero sentido de la expresión. Y si se trata de un gran gobernante, tal vez convierta ese desagrado en una confianza más honda y renovada” (El hombre y el Estado)
Sobre la vigencia de los valores absolutos...
"no hay derechos a menos que se exija un cierto orden inviolable —aunque puede violarse de hecho— gracias al cual las cosas son en su tipo inteligible o esencia, o por el cual son y están modeladas para la naturaleza del hombre: un orden por virtud del cual se le deben al hombre, que es una existencia dotada de alma espiritual y libre voluntad, algunas cosas determinadas” (El hombre y el Estado)
Sobre la esencia cristiana de la democracia...
“no solamente el estado de espíritu democrático viene de la inspiración evangélica, sino que no puede subsistir sin ella. Para conservar la fe en la marcha hacia delante de la humanidad, a pesar de todas las tentaciones de desesperar del hombre que nos ofrece la historia, y singularmente la historia contemporánea; para tener fe en la dignidad de la persona y de la humanidad común, en los derechos humanos y en la justicia, es decir, en valores esencialmente espirituales; para tener, no en las fórmulas, sino en la realidad, el sentido y el respeto de la dignidad del pueblo, que es una dignidad espiritual y se revela a quien sabe amarla; para sostener y avivar el sentido de la igualdad sin caer en un igualitarismo nivelador; para respetar la autoridad sabiendo que quienes la ejercen no son más que hombres, como lo que ellos gobiernan, y tienen a su cargo por consentimiento o voluntad del pueblo, del que son vicarios o representantes; para creer en la santidad del derecho y de la virtud segura, pero a largo plazo, de la justicia política ante los triunfos escandalosos de la mentira y de la violencia; para tener fe en la libertad y en la fraternidad, hace falta una inspiración heroica y una creencia que fortalezcan y vivifiquen la razón y que nadie más que Jesús de Nazaret ha incitado en el mundo” (Cristianismo y Democracia)
3 comentarios:
este blog huele a "marcianos democratacristianos".... igual necesario, los felicito!!!
me gusto mucho, me dio animo
:)
saludos
Muy Bien, de tanto andar, encontre algo hoy que me devuelve a la realidad de los fines.....un balsamo para nuestro espiritú. Gracias!!!
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