martes, 14 de octubre de 2008

Una reflexión en tiempos de desconfianza

Hasta hoy, mucho se ha dicho sobre los efectos de la actual crisis financiera. Al revisar distintos reportajes y análisis respecto de sus efectos, y el resultado del publicitado “salvataje”, esperanza de cierto repunte instantáneo de los mercados, lo concreto es que al pasar los días este no se asimila, es más, los mercados sostuvieron sostenidas caídas; “son nuevos tiempos de records, decía algún analista bursátil”, ello provoco más de una discusión sobre las razones de tan preocupante demora, muchos hablan de “desconfianza”, esto me llamo la atención, es algo que desde un tiempo se viene repitiendo en varios ámbitos, pero muy especialmente en la opinión general que tiene la ciudadanía en variados ámbitos.

Al igual que en la economía, en otras áreas, da la impresión que la desconfianza pasa a ser otra característica transversal del contexto actual, se suman las ámbitos en que esta se ha instalado como otra característica del actual contexto social y económico, de este paradigma único…….globalizado. Algunos en que esta se manifiesta preocupan, como son, las de inseguridad pública, el quehacer político y las instituciones.

Por ejemplo, en la percepción de inseguridad pública, del denominado “ciudadano a pie”, la cual es resultado de la creciente sensación de desconfianza en las políticas de seguridad y control de la delincuencia. Distintos sondeos y estudios sobre este fenómeno lo demuestran, pero ello se contradice con cifras de las denuncias y delitos de connotación pública, lo cual afirma que no existe una relación entre lo que percibe la comunidad y lo que en definitiva es la realidad. En este sentido existe una complicidad de los medios, que no hacen más que destacar, en largos espacios de los noticieros, diarios, semanarios, la actividad delictual. Ejemplo de ello es la política editorial del noticiero central, de un canal que todos sabemos, pertenece al único aspirante de la derecha (por el momento) a la moneda, ¿casualidad? O ¿mala intención?, basta con verlo, para darse cuenta del tratamiento “especial” que hacen de este tipo de noticias, los cuales cubren en detalle, con morbo y la relación con el reiterado discurso del llamado “fenómeno de la delincuencia” explotado por el como arenga, entre otros.

La verdad, es que el Chile de hoy es más seguro, es más, veinte años atrás el tema era distinto. ¿Pero que sucede que la percepción es otra?, ¿Qué sucede con las oportunidades?, ¿existe una real preocupación de fondo con lo que se promete? Sin duda esto contribuye, basta con mirar el efecto nefasto del transantiago.

Siento que de una u otra manera, que el contexto actual y la sensación de las personas respecto a este y otros temas, es el resultado del contexto social-económico en que vivimos, los valores y la ética son escasos, más bien “un bien escaso”, algo así como la manoseada palabra “bien común”, reemplazada por “bien de algunos”, la respuesta fácil, en vez de la razón y lo correcto.
En el contexto político, la cosa anda en los mismos parámetros, la gente desconfía del “servidor público”, claro, como resultado del desgaste paulatino de la credibilidad, resultado de años de variados episodios de corrupción, contradicciones y acomodos notorios. Hoy basta con ponerse un disfraz, cual obra de teatro para definirse de “servidor”. Realmente vivimos en un mundo sumamente extraño, elitista, exitista….sin identidad colectiva.

No se reflexiona sobre la importancia de la actividad política, de sus efectos en el futuro, de la tremenda responsabilidad de sus fines y objetivos………tenemos un sistema en que es obligatorio votar, elegir a nuestros representantes, pero la critica no se condice con la intención y con los escrutinios, se vota por los mismos personajes, se vota en forma conservadora y no se renuevan los rostros, “democracia” en verdad se escribe con minúsculas, sin duda es penoso y se alienta lo que tanto se critica.

Es necesario propender a trabajar el reencantamiento de las confianzas, la misericordia, el cambio de la sociedad actual por una con sentido comunitario, reflexiva, entre tantas otras, eso es a lo que aspiramos, debiera ser nuestro norte forzado.

El modelo de consumo exagerado contribuye a una especie de adormecimiento de la razón en la población, cuesta entender que las personas no se den cuenta que existe un manejo fáctico de la información, que se le induce a comportarse de determinada manera, no tenemos un ciudadano realmente “informado”, sino es “condicionado”, cada vez que uno prende el televisor nos inducen a creer que es inseguro salir del hogar, que tu vecino puede que no sea lo que aparenta, que debes desconfiar de todo y como en la conducción de los vehículos “manejar a la defensiva” por “manejarse a la defensiva”, que las instituciones no son lo que aparentan…que los derechos del hombre son absolutos, pero los de un ser indefenso en el vientre de su madre no…….más y más desconfianza, confusión y miedo, el remedio social es el consumo desmedido, el endeudamiento y una que otra catarsis en alguna manifestación o partido de fútbol.

El tratamiento carente de valores, es reflejo de la excesiva y mal entendida libertad, los mal llamados progresistas pregonan a los cuatro vientos, cuando de analizar y discutir la situación se trata, y el pan y circo, como solución práctica es la respuesta fácil a las demandas de orientación y liderazgo que nos exige la ciudadanía. El individualismo que incentiva el actual sistema, ha dañado profundamente la fe pública en general, nadie cree, ni quiere creer. Se ingresa a un área delicada, donde el espacio que se está cediendo, es reemplazado por este discurso fácil, populista, las consecuencias en el vecindario latinoamericano son por todos conocidas.

Urge el cambio.
“En la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido”
Séneca.

Mauricio A. Muñoz C.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bien Maurico, creo que das una mirada panoramica al contexto, que queramos o no, estamos inmersos. Rescato dos ideas base de tu comentario; una de ellas es la pesada mochila que desde hace un tiempo a la fecha estan sobrellevando quienes realmente saben lo esencial que es saber transitar en la delgada línea de la ética pública. Sabemos los ultimos sucesos que han puesto de manera sobrevalorada esta generacion de desconfianza en la funcion publica, para qué enumerarlos. Sin embargo, creo que es nuestra labor, como servidores públicos, de verdad, cambiar radicalmente ésta imagen nefasta que impera y se acrecenta cada día más. Las recetas pueden ser muchas, sin embargo, si la unión de todos sus ingrediente se aplican de forma adecuada y en su esencia, es factible que alcancemos el resultado esperado. Un principio básico, en la formulación de políticas públicas dice que, "la generación de confianza dentro de la ciudadanía se logra en mayor grado, cuando somos capaces de generarlas de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, desde las bases hacia la cuspide y no viceversa". Si somos capaces de generar situaciones concretas y aterrizadas al contexto, seremos capaces de erradicar esa visíon maligna asociada a mal manejo de los servidores públicos.
El segundo tema que rescato de tu comentario, es quel donde la recuperación de la confianza y el cambio en los estados de ánimos se debe afrontar de forma inmediata. Hace poco, alguien dijo por ahí,
" Es hora de recuperar nuestras propias confianzas, ser capaces de cambiar nuestros estados de ánimos alicaídos, y dejar de lado las pequeñas rencillas y generar una visión globalizada y amplia del problema, de forma tal que podamos recuperar nuestra mística de antaño".
Hoy más que nunca es cuando debemos asumir esta tarea de recuperamiento de la confianza en nosotros mismo, como partido, como conglomerado, generar estados de vitalidad y abrirlos hacia la ciudadanía.
Atte.
Felipe Vasquez I.
Administrador Público, USACH