
Quienes suscribimos esta carta, hemos dedicado parte importante de nuestra corta vida política al servicio del pensamiento socialcristiano y de la causa democratacristiana. Hemos intentado cooperar desde el pensamiento y desde la acción, desde el compromiso y los ideales. En ese espíritu, algunos de nosotros impulsamos y encabezamos la opción “Por Principios” en la última elección de la Juventud Demócrata Cristiana, el año 2006.
Desde la época de nuestra acción universitaria, hemos sido testigos de cómo la Juventud de nuestro Partido, que para los Falangistas fue la verdadera “Galilea” desde donde todo comenzó, ha devenido en una larga decadencia marcada por luchas internas donde, algunos, han querido transformar la JDC en una agrupación de facciones que responden a intereses personales más a que verdaderas diferencias de ideas. La degradación ha sido mayor y no cabe aquí apuntar en contra de nadie en particular, puesto que todos tenemos algún grado de responsabilidad. A partir de la última conducción de la JDC, hemos constatado que la crisis se ha acentuado, puesto que se ha pretendido reivindicar el protagonismo de los jóvenes por la vía de la permanente descalificación y divulgación de prejuicios, haciéndolas parecer armas válidas de discusión.
El Partido vive un proceso de renovación política, marcado por un impecable proceso electoral en la última elección nacional, cuyo resultado le ha brindado a la política nacional la oportunidad de comenzar una renovación de estilos y prácticas, buscando recuperar nuestras raíces, ideas e identidad. Las elecciones territoriales, en pleno desarrollo, viven un proceso similar, con una sana y fraternal competencia.
Sin embargo, el frente de la Juventud, está sumido en una disputa de ribetes tribales más que políticos, al punto que la Lista continuadora de la actual gestión de la JDC, ha pretendido hacernos creer que se quiere intervenir el proceso electoral de la Juventud para favorecer a su rival. ¿Por qué? Porque nuestro Tribunal Supremo ha dicho que se deben aplicar a la JDC los estatutos y reglas electorales que rigen a todos los militantes del Partido. Porque el Tribunal Supremo ha dicho que el Padrón de la JDC debe ser el mismo Padrón del Partido, y que se encuentra inscrito en el Servicio Público que regula el sistema político electoral de nuestro país. También, porque ha dicho el Tribunal que la fecha de la elección de la Juventud, más allá de los inconvenientes personales que esto genere a alguno de los candidatos, debe ser la fecha que el Consejo Nacional fijó para las elecciones de todos los Frentes del Partido.
Sin embargo, pareciera ser que a la lista de continuidad de la actual Directiva de la JDC, no le parece que el Tribunal Supremo interprete y haga cumplir lo regulado en nuestros Estatutos del Partido, que han sido sancionados por la Junta Nacional y el Consejo de la DC. Nos preguntamos entonces, ¿por qué habría de sustraerse la Juventud del Partido de las normas partidarias que a todos nos rigen? ¿Por qué la JDC debería tener un Padrón especial? ¿Por qué los plazos de los procesos electorales deben acomodarse a necesidades individuales, cuando han transcurrido más de cuatro años desde la última elección de la JDC, en circunstancias que las Directivas deben durar solo dos años?
De todas formas, si aun tuvieran sustento los argumentos contrarios a lo que el Tribunal Supremo ha definido, lo verdaderamente grave son los dichos de quien encabeza la lista de continuidad de la JDC en su última declaración pública del día de ayer, en orden a que existiría interés del máximo Tribunal partidario por favorecer a una de las listas en competencia. Adicionalmente, en esta declaración pública, se acusa abiertamente al camarada Jorge Cash de haber influido indebidamente en las decisiones del Tribunal Supremo.
Estas acusaciones no solo son carentes de fundamento, antecedentes y reflejo de desesperación, si no que expresan fielmente hasta qué punto puede llegar la descomposición de un movimiento político. Por medio de esta acusación pública, claramente injuriosa, se pretende sostener que todo aquello que se decida institucionalmente, en la medida que no responda a los intereses individuales o de “lote”, debe ser catalogado como intervención; que todo aquel que busca establecer procedimientos claros y transparentes, no busca más que intervenir la institucionalidad por medio de actos de corrupción. ¿En qué consiste entonces la Democracia si no es en la posibilidad de que todos tengan claras las reglas del juego?
No basta mostrar mayorías construidas artificialmente para oficiar de demócrata, lo fundamental es que esa mayoría se obtenga de forma limpia y transparente. Precisamente la democracia por la que tanto hemos luchado, consiste en que todos tengan las mismas oportunidades de conocer los procedimientos electorales, tener claridad de los plazos y el universo de votantes, y que existan órganos que interpreten las normas, las apliquen y las haga cumplir de manera uniforme en todas las estructuras del Partido. Para algunos de nuestros camaradas, democracia es sinónimo de burocracia, e institucionalidad sinónimo de intervención.
Los órganos institucionales del Partido son los llamados a tomar las definiciones de la Democracia Cristiana, y quién legítimamente tenga reparos al respecto debe usar los canales institucionales para hacerlos valer. De lo contrario, primaría la voluntad de las fuerzas políticas en disputa y no la fuerza del derecho en el que se basan nuestras instituciones. Por ello, llamamos a quienes realmente creen que ha existido intervención en el proceso electoral de la JDC, a que ejerzan las acciones que los Estatutos del Partido y Leyes de la República le proveen a todos los militantes y ciudadanos, tanto ante los órganos del PDC como ante los Tribunales Electorales del país.
No caigamos en la trampa que tanto nos advirtió Leighton, mediante la cual se pretende suplantar la fuerza del derecho por la imposición de los hechos. Por nuestra parte, estaremos siempre del lado de la institucionalidad y del respeto que merecen los militantes de nuestro Partido. Nos resistimos a admitir que se use como método electoral el desprestigio a la credibilidad de nuestras instituciones y la honorabilidad de nuestros dirigentes. No es justo desacreditar de ese modo las legítimas aspiraciones que cualquier militante puede tener de servir al Partido desde la conducción de alguna de sus instancias, contribuyendo al engrandecimiento de nuestro Partido al servicio del País.
Surgimos como Partido a la vida política nacional para servir, por medio de nuestras ideas y acciones, a la difusión del pensamiento socialcristiano; y el primer predicamento de nuestra doctrina es el amor y el respeto al prójimo. Si se destruye este pilar, que es nuestro centro de gravedad, podrá seguir existiendo nuestro Partido pero no será verdaderamente una Democracia Cristiana.
Fraternalmente,
CRISTÓBAL ACEVEDO F.
SEBASTIÁN IGLESIAS R.
LEONARDO JAÑA L.
MAURICIO MUÑOZ C.
FELIPE VENEGAS P.
NICOLÁS PREUSS H.
4 comentarios:
En lo fundamental estoy de acuerdo con el documento, me parece totalmente razonable la postura de validar nuestrtas propia institucionalidad. pero me asalta una duda , que pasa con los jovenes de los Frentes de secundarios? me imagino q no aparecen en el padron por que tienen menos de 18 años y no estan inscritos en los registros electorales. Independiente de la situacion actual coyuntural , propiciada por que nuestro partido siempre reacciona ante elecciones , y no prevee situaciones de conflicto con anticipacion, debiera analizarse la situacion de participacion de los jovenes entre 15 y 18 años (que cada dia son menos) de forma de no ir disminuyendo a la JDC , que es la puerta de entrada al Partido. Recuerdfo que yo entre al PDC , participando activamente en los secundarios, pienso que nunca hubiera participado en este partido de no haber ingresado a el a los 16 años. Tengo 24 años de militancia y me parece necesario que nuestros jovenes logren consensuar que tipo de politica interna y requieren y que vision politica le ofrecen a los jovenes del pais. Fuerza !!!
Estimados Camaradas de Chile Comunidad, quien suscribe esta respuesta, al igual que ustedes ha dedicado parte de su corta vida política al servicio del pensamiento social cristiano y de la causa democratacristiana. Curiosamente, al igual que ustedes apoyé la opción “Por Principios” en la última elección de la Juventud Demócrata Cristiana, el año 2006 y concuerdo con ustedes en cuanto a la constatación de un hecho indesmentible cual es, la larga decadencia marcada por luchas internas que se vive al interior de la JDC.
Pero en lo que no puedo concordar es en el apoyo irrestricto, bajo la lógica de la institucionalidad, del actuar de ciertos órganos del partido, en específico, de la Secretaria Nacional PDC por cuanto, producto de un desorden administrativo interno se recurre al Tribunal Supremo de nuestro partido para que se pronuncie sobre el padrón a utilizar en las próximas elecciones del Frente de la Juventud.
Responsablemente señalo lo anterior, por cuanto el suscrito aparece registrado como militante en el año 2008, en circunstancias que, por ejemplo desde el 2006 me desempeño como Secretario Comunal PDC Catemu y fui candidato a concejal en las ultimas elecciones municipales y que como es de público conocimiento para ambos hechos se requiere de antigüedad como militante.
Es más, me parece improcedente que al desconocer el TS la realidad propia del frente de la JDC se excluya de participar a un numero considerable de Camaradas, para mi desconocido pero que no por ello deslegitima el argumento, mayores de 15 años y menores de 18 años que por razones evidentes no aparecen inscritos en el registro del SERVEL.
Considero válido preguntarse ¿Esa es la repuesta que la Democracia Cristiana le otorga a esos jovenes que probablemente en su mayoría deben haber participado con entusiasmo en las ultimas elecciones presidenciales? ¿Cuantos dirigentes de Centros de Alumnos en sus respectivos colegios, por ejemplo, se verán excluidos de elegir al próximo Presidente de la Juventud Demócrata Cristiana? ¿o acaso ellos por ser menores de edad son camaradas de segunda categoría?
Me parece retóricamente plausible su apreciación de que quienes tengan legítimamente reparos al respecto debe usar los canales institucionales para hacerlos valer. Pero, ¿qué sucede cuando las instituciones no funcionan? ¿debemos avalar su negligencia?.
Finalmente, quisiera aclarar un ultimo punto, necesario a mi juicio para este debate, el suscrito no pertenece a ningún lote de los que se encuentran aludidos en su protesta. Sin embargo, miro con preocupación los últimos acontecimientos, por cuanto me parece que desde la lógica de la institucionalidad se pretende intervenir en un proceso eleccionario que debe brindar garantías de inclusión y participación para todos quienes adscribimos a los ideales del Humanismo Cristiano.
Fraternalmente,
Juan Pablo Morales
Estimados Camaradas de Chile Comunidad, quien suscribe esta respuesta, al igual que ustedes ha dedicado parte de su corta vida política al servicio del pensamiento social cristiano y de la causa democratacristiana. Curiosamente, al igual que ustedes apoyé la opción “Por Principios” en la última elección de la Juventud Demócrata Cristiana, el año 2006 y concuerdo con ustedes en cuanto a la constatación de un hecho indesmentible cual es, la larga decadencia marcada por luchas internas que se vive al interior de la JDC.
Pero en lo que no puedo concordar es en el apoyo irrestricto, bajo la lógica de la institucionalidad, del actuar de ciertos órganos del partido, en específico, de la Secretaria Nacional PDC por cuanto, producto de un desorden administrativo interno se recurre al Tribunal Supremo de nuestro partido para que se pronuncie sobre el padrón a utilizar en las próximas elecciones del Frente de la Juventud.
Responsablemente señalo lo anterior, por cuanto el suscrito aparece registrado como militante en el año 2008, en circunstancias que, por ejemplo desde el 2006 me desempeño como Secretario Comunal PDC Catemu y fui candidato a concejal en las ultimas elecciones municipales y que como es de público conocimiento para ambos hechos se requiere de antigüedad como militante.
Es más, me parece improcedente que al desconocer el TS la realidad propia del frente de la JDC se excluya de participar a un numero considerable de Camaradas, para mi desconocido pero que no por ello deslegitima el argumento, mayores de 15 años y menores de 18 años que por razones evidentes no aparecen inscritos en el registro del SERVEL.
Considero válido preguntarse ¿Esa es la repuesta que la Democracia Cristiana le otorga a esos jovenes que probablemente en su mayoría deben haber participado con entusiasmo en las ultimas elecciones presidenciales? ¿Cuantos dirigentes de Centros de Alumnos en sus respectivos colegios, por ejemplo, se verán excluidos de elegir al próximo Presidente de la Juventud Demócrata Cristiana? ¿o acaso ellos por ser menores de edad son camaradas de segunda categoría?
Me parece retóricamente plausible su apreciación de que quienes tengan legítimamente reparos al respecto debe usar los canales institucionales para hacerlos valer. Pero, ¿qué sucede cuando las instituciones no funcionan? ¿debemos avalar su negligencia?.
Finalmente, quisiera aclarar un ultimo punto, necesario a mi juicio para este debate, el suscrito no pertenece a ningún lote de los que se encuentran aludidos en su protesta. Sin embargo, miro con preocupación los últimos acontecimientos, por cuanto me parece que desde la lógica de la institucionalidad se pretende intervenir en un proceso eleccionario que debe brindar garantías de inclusión y participación para todos quienes adscribimos a los ideales del Humanismo Cristiano.
Fraternalmente,
Juan Pablo Morales
Ustedes fueron los que se tomaron el partido en la elección Chavez-Pozo, tejado de vidrio no le dicen a eso??
esta vez nosotros no hemos optado por posturas tan radicales, quizás es lo que ustedes camaradas esperaban que nosotros hicieramos!!
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